El mundo por de dentro

Se armó el 2 de mayo

05.03.2016 | 05:08
Se armó el 2 de mayo

Se armó el 2 de mayo. Y se armó el 2 de marzo, porque empieza a correr el plazo de dos meses para la convocatoria electoral. Y luego otros dos meses, casi, hasta la cremá electoral de junio. De fiesta en fiesta. Y veremos si tenemos ninot indultat. Los congresos partidarios del PP, PSOE, Podemos, etcétera, tendrán que retrasarlos, que se pongan a la cola del Congreso de los Diputados que elegiremos en verano. Vamos que tenemos gobierno provisional hasta el curso que viene, como mínimo, porque si los resultados son similares, como suele suceder, pues vuelta a empezar.

«La izquierda no suma», llevaba razón Pedro Sánchez: la derecha (PP y C's) tiene 163 y la izquierda (PSOE, Podemos, IU, Compromís) suman 161. Harían falta: Coalición Canaria (1), PNV (6) para tener mas síes (168); y para la mayoría (176) firmar la hipoteca con independentistas Esquerra Republicana (9), DyL (la antigua Convergencia, 8) y/o Bildu (2). Esto último es suicida para el PSOE y para Sánchez; ponerse en manos exclusivamente de Podemos supondría firmar la vicepresidencia y lo que mande.

Pablo Iglesias se destapó en las réplicas. Dispuesto a «dejarse la piel», a «decir la verdad», de percha en percha, se le escaparon algún «no nos fiamos», «no son de fiar», «tratan de engañar», «trátenos de igual a igual». Parecía querer ajustar cuentas con los socialistas, en tiempos se «maltrató» y «menospreció» a la izquierda –supongo se refería a la IU de su inspirador Anguita– por encima de propuestas sociales, nucleares cuarentonas –que no existen para él– y sumas que sí alcanzan –en la aritmética de Iglesias–, culminó con la referencia iracunda a Felipe González y los GAL, en teoría por desaconsejar el pacto con Podemos, o quizá porque había dicho: «Son puro leninismo 3.0». Los conceptos empleados por Iglesias de «presos políticos» para referirse a los de ETA, el «cambio real», el «socialismo real», empleados también por Domènech son de esa época; y el lenguaje gestual: el beso en la boca, era signo de solidaridad de la 3ª Internacional, la Internacional Comunista. La calificación de González podría no ser disparatada. Quizá le sobró el 3.0.

Pedro Sánchez estuvo firme, comedido y, sobre todo, contenido en la réplica. Encontró en Rivera un aliado leal que repartió estopa. Ignoro si había reparto de papeles, pero soltó dardos que el candidato no debía lanzar. Demostró ser un buen orador, con recursos y agilidad en las réplicas. Empezó apelando a la necesidad de «recuperar a la clase media y trabajadora». Enseguida la emprendió con Rajoy, «usted no es creíble para liderar esta nueva etapa política», mientras llamaba a la rebelión interna. Cuando por hablar en catalán le calificaron de «¡traidor!» desde la bancada popular, apostilló sobre la marcha: «traición la que hicieron ustedes cuando pactaron con Pujol; cuando les interesa los pactos con los nacionalistas son de Estado, cuando no son el demonio». Y ante el «¡Visca Catalunya Lliure!» que lanzaron desde Esquerra añadió desde el estrado, «sí, lliure de corrupció». Le contrarreplicó a Iglesias: «Entiendo la pinza» que usted hace con el PP.

La prueba de la pinza PP-Podemos la aportó Sánchez cuando contó «para que conste en acta» que Rajoy no aceptó la investidura, según le dijo al Rey, porque ya había un pacto PSOE-Podemos. Se iba a publicitar poco después, y sin embargo Pedro Sánchez se enteró en la audiencia real. A la salida vio que tenía medio Gobierno y hasta vicepresidente. Rajoy intentaba replicar con los gestos a lo que le caía desde todo el hemiciclo y pudo hacerlo por alusiones –y con la generosidad del presidente de la Cámara Patxi López-. El centro de su intervención escrita fue el mantra del milagro económico aguado por los requerimientos de la Comisión Europea y los datos oficiales ese día del paro registrado.

Baldoví se ofreció para que los cuatro –Podemos, IU, En Comú y Compromís– llevaran a la mesa de negociación una única propuesta. Suponiendo que lo logre, será difícil que prospere, al menos mientras exijan la ruptura con C's. Pueden ser, si se abstienen, la única –y «auténtica» o «real» que dirían los del 3.0– oposición de izquierdas a un gobierno de coalición; o, pasar a la oposición, además, en comunidades y ayuntamientos. Méritos han hecho. Gobernar, quema; pero estar en la oposición, más.

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