El ático

Conducir es un placer

03.03.2016 | 04:22
Conducir es un placer

Estoy segura de que a algunos de los lectores les sorprenderá lo que voy a exponer. Estoy segura de que algunos de ellos estarán en este momento con una media sonrisa, y estoy segura de que la gran mayoría de ellos son hombres. Pues sí somos muchas las mujeres que conducimos bien. Y muchas de nosotras lo hacemos mejor que muchos de los hombres que lo hacen igual que nosotras. Parece que oigo las risas soterradas y aires de superioridad de algunos de vosotros.

Es lamentable escuchar la manida frase que reza: «¡Mujer tenía que ser... la conductora, claro!». Y esto ocurre cuando esperas un poco más de lo debido en el aparcamiento del coche de delante, o cuando al conductor se le olvida quitar el intermitente, o cuando el coche que te precede va demasiado despacio, cumpliendo, por cierto, las normas impuestas por la legislación vigente. Si el conductor afectado es varón, cualquier justificación vale, incluso la condescendencia, condescendencia que no existe cuando se trata de una mujer.

Y nosotras, las mujeres conducimos muy bien en general, exceptuando alguna que otra, lo que viene a confirmar la regla. El hecho de ser mujer no nos descalifica como conductoras, muy al contrario. En efecto hasta las compañías de seguros nos bajan el precio del mismo, y estas empresas no son tontas y tienen muchas estadísticas que les confirman lo que antes he expuesto: Nosotras somos más prudentes y por eso tenemos menos accidentes que los hombres. Nosotras, por instinto, sabemos dónde podemos pisar el acelerador y cuando tenemos que ir despacio. Esto no les ocurre a los hombres que llegan a picarse con otro coche, en plan machito, para demostrar no se sabe muy bien qué y aceleran e incumplen las normas para demostrar que su coche es más potente o que conducen mejor o vaya usted a saber qué.

A la que suscribe le encanta conducir. Me gusta coger el coche y me encantaría poder perderme por las carreteras. Me da sensación de libertad plena. Sentir la potencia del motor, sentir que el coche obedece todos mis deseos, sentir que se desliza en el viento con total facilidad, que dibuja a la perfección las curvas de la carretera, que responde en el acto cuando piso el acelerador y que para inmediatamente cuando freno, me da una sensación parecida a la que deben sentir los poderosos cuando mandan algo y el algo viene a su presencia.

Es una sensación muy agradable. Me siento dueña de la situación y me deslizo con total libertad, lo que me permite concentrarme en la conducción y olvidar los problemas, los sinsabores y las penas. ¡Me encanta conducir! Y me gusta tanto que, cuando estoy enfadada, para evitar discusiones bobas, cojo el coche y me doy un paseo por carretera y la verdad es que vuelvo nueva.

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