Tribuna

La Diputación y la tierra media

25.02.2016 | 05:10
La Diputación y la tierra media

Reclamo que, en un ejercicio de responsabilidad y coherencia, todos aquellos diputados provinciales de las formaciones políticas que abogan por eliminar las Diputaciones para parir después un sistema feudal de chichinabo renuncien desde ya a cobrar de las mismas

Ya estamos otra vez con que la abuela fuma. El paripé PSOE-Ciudadanos carga de nuevo contra las Diputaciones. ¿Qué hay que ofrecer al pueblo español un cambio? Pues nada, nos las cepillamos y punto. A alguien hay que culpar de la inutilidad y la sinvergüencería política que nos ha llevado a donde estamos. Vamos, que las culpables de todo, absolutamente de todo son las Instituciones Provinciales. Los reinos de Taifas autonómicos, no, contra éstos no se atreven. Las Diputaciones. El Crack del 29, la muerte de Manolete, la Marcha Verde, el golpe de Tejero, la crisis económica y social, los granos, la pubertad, el pollo de Andreíta, el Sálvame Deluxe, etcétera. La culpa de las Diputaciones.

Resumiendo. Se trata de unas administraciones que sobran, que duplican, que no sirven para nada. Sitios para que los empleados públicos que en ellas trabajan lean el periódico, jueguen al mus con los borrachos de los cementerios y vegeten horas y horas mientras se rascan la barriga y hacen ovillos con la pelusa del ombligo. Manda huevos. Concretamente, dos huevos duros, que dos de los Hermanos Marx tienen hambre y hay que abastecer el camarote de viandas.

Y anda que la alternativa que proponen no es de antología de Chiquito de la Calzada. Consejos provinciales de alcaldes. Ahí es nada. Viva la Tierra Media. Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en palacios de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro. Porque haría falta un anillo que controlara los otros, digo yo. Un anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras.

Fabulemos el cómo se montaría el asunto en Alicante. Hay siete comarcas. Serían siete anillos. Y en cada comarca dignas las hostias por saber qué alcalde se pondría el anillo en cuestión, qué no sería fácil la cosa. Y en el mientras del festival, los alicantinos gobernados desde Mordor, Valencia, que dejaría la provincia convertida en un erial, como en su día intentaron Lerma and Company.

Esta chorrada ya no me cabrea, pero sí me harta. Estoy harto de este circo a dos, tres o cuatro pistas. Estoy harto del club de la comedia patria. Estoy harto de que los unos y los otros echen a las Diputaciones a los pies de los caballos. Y es que veréis. Yo trabajo en la de Alicante. Trabajo para los alicantinos, pues ellos son mis jefes. Y lo único que demando es que me dejen hacerlo en paz... Bueno, lo único que demando no. También reclamo, por lo lógico, que, en un ejercicio de responsabilidad y coherencia, todos aquellos diputados provinciales de las formaciones políticas que abogan por eliminar las Diputaciones para parir después un sistema feudal de chichinabo renuncien desde ya a cobrar de las mismas y nutran sus cuentas corrientes con el salario de sus ayuntamientos. Sería lo suyo, predicar con el ejemplo.

En fin, Serafín. La cabra, la cabra, la madre que la parió. Por mi parte estoy dispuesto a colaborar en que la Diputación de Alicante se convierta en el Abismo de Helm. Qué vengan los orcos, qué aquí les espero?

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