Podemos hablar de crisis mundial en febrero de 2016

24.02.2016 | 04:07
Podemos hablar de crisis mundial en febrero de 2016

La crisis que comenzó en agosto de 2007 ha entrada en una nueva fase. Hay los que siguen la crisis por regiones: EE UU – Europa – América Latina – Asia. Otros la siguen por el lado más financiero y la ven como crisis hipotecaria, crisis de las bolsas. Yo en concreto prefiero ver la crisis como un proceso que amarra lo financiero con el sector real de la economía afectando al mundo entero en todos los casos. Solo que el impacto sobre el mundo no es homogéneo. Les voy a poner un ejemplo, la bajada de las tasas de tipo de interés en 2008 llevó a un auge en los precios de los commodities y a una devaluación del dólar. El efecto fue una apreciación de los tipos de cambio del resto del mundo y una acumulación de reservas fruto de los excedentes comerciales. Este fortalecimiento cambiario llevó a un auge en los flujos de capital del norte al sur haciendo que las bolsas de valores en los países del sur observaran un auge, de la mano de la subida de los precios de los bienes raíces y del precio de los commodities. El resultado fue un espejismo de crecimiento en África y América Latina, exportadores de materias primas.
Cuando colapsó el mercado hipotecario en agosto de 2007 y luego la banca de inversión, a partir de marzo de 2008, el problema financiero se transformó en económico. La apertura de dos velocidades de crecimiento fue muy útil para los capitales estancados en los mercados maduros que se movieron a los denominados emergentes. La aspiradora global comenzó a operar sacándose riqueza desde los emergentes hacia el centro, en el mejor espíritu de la teoría de la dependencia. No obstante, se generó una acumulación de reservas que hipotéticamente debería estabilizar los tipos de cambio. Eso decía la teoría económica convencional. Pero, los tipos de cambio se han transformado en un commodity más, que se transa en el mercado cambiario de Londres, de forma que hay un mercado offshore cambiario muy importante (ver Swift). Los ataques cambiarios se hacen en Londres y no en Ciudad de México, Moscú, Sao Paulo o Shanghai. Es por ello que no se pierden reservas cuando los tipos de cambio se desploman. Las pérdidas de reservas no son porque se fugan los capitales sino porque el Banco central del país intenta frenar la caída. Como ven, es una lógica bien distinta a la de hace una década.
El 16 de junio de 2013 el presidente del FED, banco central estadounidense, anunció que seguramente se iba a terminar el programa de expansión crediticia instalada en 2008 y que muy probablemente se alzaría la tasa de interés. Esta advertencia peculiar se hizo para cambiar las expectativas sobre el dólar y que los mercados comenzaran a ajustarse.
En América Latina cayeron todas las bolsas, menos la argentina; todos los tipos de cambio se devaluaron, menos el boliviano, y las exportaciones se contrajeron para todos, llevándose de un plumazo el crecimiento del PIB. Esto fue acompañado por un creciente malestar social, el discurso sobre el éxito de las reformas y el blindaje cambiario, terminó.
En junio de 2014, la nueva responsable de FED, Yellen, pone en valor el escenario donde ocurriría el alza de la tasa de interés en EE UU, anunciando que sería en cuartos de punto a la vez. La interrogante que ronda en el análisis de las economías maduras es si es posible vivir permanentemente con tasas de interés cero, tasas de crecimiento cercanas a cero y tasa de inflación bordeando la deflación y si pueden, en ese marco, subir las tasas de interés sin tumbarse el consumo. Japón está estancado con deflación desde 1991 y no se atisba que esté saliendo de esta situación. Si recuerdan, Keynes venía a decir que se reconoce la deflación cuando los compradores postergan la compra esperando un descenso de precios en un futuro cercano. Por su parte, la interrogante de Yellen y los banqueros centrales estadounidenses era si podían subir la tasa y qué efectos podría tener dado el borde deflacionario en que está el G7. En el momento de escribir este artículo, febrero 2016, se aprecia que estaban errados cuando todas las bolsas están en caída junto con los mercados de commodities y los mercados cambiarios.
Debemos recordar para centrar aún más el problema que en 1931 Irving Fisher escribió que en los auges y depresiones, hay dos factores dominantes, el sobreendeudamiento para comenzar y la deflación que le sigue poco después. Dicho de otra manera, los grandes actores malos son perturbaciones de deudas y perturbaciones en el nivel de precios.
El análisis de The Wall Street Journal sobre lo que está ocurriendo afirma que las cosas están mejor EE UU porque el peso de la deuda de las familias ha bajado de 130% a 103% de su ingreso anual. La interrogante es cómo se paga esa deuda cuando los salarios no suben porque hay deflación y las tasas de interés sí suben. Las deudas de educación están a la vista como un problema mayor para las familias. El otro problema es que el multiplicador del gasto fiscal en defensa ya no parece operar si la evidencia de la última década es un ejemplo.
Las perspectivas para 2016, en este marco, son impredecibles. Pueden ocurrir tres cosas: subir la tasa de interés nuevamente, y ver otro panorama como el que vimos en diciembre; revertir la decisión y regresar la tasa a cero en EE UU y esperar que eso aligere las cosas o, dejar todo como está. Los capitales, en este contexto, se van a mover más rápidamente por el mundo, creando más inestabilidad y transfiriendo esa inestabilidad al crecimiento. El crecimiento hacia adentro de China lo protegerá parcialmente de las malas noticias que vienen del exterior. La inestabilidad que llega por el mercado de valores de Shanghai abierto al capital internacional es innegable dado que es una condición para convertir a su moneda en reserva internacional. Sus propios problemas de deuda serán los que puedan afectar la dinámica interna. Pero para América Latina en 2016, el problema es la deflación de occidente y la tasa de interés de EE UU y no la tasa de crecimiento de China que es afortunadamente del 6,9%.
En estos momentos de incertidumbre en lo que a formación de gobierno se refiere, no me olvido de España. Tan solo decirles, que si a lo anteriormente citado, sumamos un paro todavía situado por encima del 22,5%, nos da una mezcla explosiva de consecuencias impredecibles, que nos hará recordar un día sí y otro también al premio Nobel de Economía, Samuelson, cuando de forma tan certera hablaba de estanflación, ¿consideran como yo que estamos para pocas tonterías, aunque los políticos se empeñen en demostrar lo contrario?

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine