20 de febrero de 2016
20.02.2016
El mundo por de dentro

El derecho a decidir de David Cameron

20.02.2016 | 05:37
El derecho a decidir de David Cameron

La libre circulación de las personas y la limitación de las prestaciones sociales de los ciudadanos europeos en Gran Bretaña son una cuestión de principios

David Cameron no es Margareth Thatcher. Es la misma escuela económica, incluso el mismo estilo agraviado, y los mismos quiebros y regates, pero Thatcher era Thatcher. «Quiero que me devuelvan mi dinero», reivindicó a los seis meses de su elección. Pedía una rebaja en la contribución de Reino Unido al presupuesto europeo. Cuatro años más tarde, consiguió lo que pedía. El conocido como «cheque británico» es aproximadamente dos tercios de la diferencia entre lo que aporta y recibe el país de la Unión Europea. Luchó contra el euro, contra la integración europea y contra las transferencias de soberanía a Bruselas. Y perdió. Cameron en línea con su maestra se ha cuestionado la integración del Reino Unido en la Unión Europea.

Los británicos promovieron al Asociación Europea de Libre Comercio (ALCE) para contrarrestar la recién creada Unión Económica Europea. La actual Unión Europea nació con vocación de unión económica y política, y los isleños sólo a rastras y trompicones han ido mas allá del libre intercambio de mercancías. La promesa de Cameron de convocar un referéndum para abandonar la Unión Europea fue el banderín de enganche que sirvió a los conservadores británicos para ganar la partida de las últimas generales a los liberales, laboristas y a los ultraconservadores del UKIP (United Kingdom Independence Party o Partido por la Independencia del Reino Unido) que defiende el abandono de la Unión Europea, desde planteamientos xenófobos y racistas. La propuesta que, con el nacionalismo escocés, ayudó a la mayoría absoluta de los conservadores de Cameron.

El Consejo Europeo de éstos días tenía dos puntos en el orden del día: las presiones migratorias y de los refugiados que incluye revisar la puesta en marcha de los acuerdos ya tomados y con vista al consejo de marzo los temas relativos a: la ayuda humanitaria, gestión de las fronteras exteriores, el plan de acción UE-Turquía, y el funcionamiento de los centros (hotspots o «puntos calientes») de recepción e identificación de los refugiados en Italia y Grecia. Es, con diferencia, el tema mas importante y acuciante del Consejo. El otro punto es la coartada que el premier británico plantea para superar el referéndum en que se ha metido.

En relación con el Reino Unido la propuesta del presidente del Consejo, Donald Tusk, parte de que hay que preservar la unidad de la Unión -es el latiguillo que todos repiten, incluido García Margallo- y hace un documento ambiguo sobre una nuevo engarce de Gran Bretaña en la UE aunque, lamenta Tusk, hay «un límite que no puedo franquear, los principios sobre los que se funda el proyecto de la Unión Europea». Algo parecido a lo que el presidente del Parlamento le ha dicho a Cameron: que no le puede garantizar nada. La libre circulación de las personas y la limitación de las prestaciones sociales de los ciudadanos europeos en Gran Bretaña es una cuestión de principios, pero económicamente es el alpiste del canario. Incluso el documento del presidente lo admitiría para situaciones excepcionales aprobadas por el Consejo con mayoría cualificada. O sea: no.

Lo que realmente ha obligado y preocupa a Cameron son los otros temas que la City define como: competitividad, soberanía y gobernanza económica. Traducido: el sector financiero londinense, uno de los mayores centros financieros del mundo y el mayor de Europa, quiere seguir en la Unión pero sin regulaciones que «le haga perder competitividad». Mantener integra la soberanía sin someterse a normas acordadas en Bruselas y, sobre todo, que los acuerdos de la zona euro -a la que no pertenecen los británicos- requieran su beneplácito para no verse perjudicados, léase Tasa Tobin y regulación de movimientos especulativos en los que los tiburones de la City son maestros. Por eso envían a Cameron. Hasta el HSBC, uno de los mayores bancos del mundo, ha amenazado con trasladar su sede. Si le aprueban estos temas, seguro que las prestaciones sociales no serían problema.

Los nacionalismos o regionalismos, mas xenófobos que identitarios, están sirviendo en Europa, España incluida, para frenar el avance de las izquierdas y proyectar sobre los otros y los distintos la responsabilidad de nuestros males y problemas por la crisis. Cameron tiene su particular derecho a decidir, lo que no sabe es como salir de él, y necesita que sus colegas le habiliten la coartada para defender la integración europea en el referéndum que tiene que convocar éste año. Pues vale.

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