Tribuna

Quieren acabar con todo

18.02.2016 | 05:00

Con esta expresiva frase una parte importante de la sociedad definía las políticas que el partido popular y la Unión Europea realizan contra la clase obrera y popular. Pero parece que no es una cuestión exclusiva de los partidos de derechas, también lo copian y muy rápido los nuevos, aquellos en los que muchos han depositado su esperanza de futuro.

Y es que con los recortes laborales y sociales también viene la represión, las leyes que nacen para acallar a la sociedad, como la ley mordaza, y el renacimiento por parte de la fiscalía del art 315.3 del código penal para condenar el derecho a formar parte de un piquete informativo en una convocatoria de huelga, y por supuesto empresas donde piensan que es el momento de limpiar, de despedir a bajo coste a aquellas personas que se implican en la organización de sus compañeros y compañeras, que luchan por lo colectivo.

Ahora tenemos un gobierno en funciones que aprovechan bien jueces que provienen de la policía franquista, fiscales autoritarios y empresarios que se consideran los amos. Todos juntos intentando acabar con la esperanza de la clase obrera. El grito de si se puede, queda para los campos de fútbol y las remontadas épicas. Porque las nuevas políticas son tan antiobreras como las antiguas, sirviendo al capital, basta mirar las declaraciones de Ada Colau ante la huelga de los trabajadores del metro, donde dice que con huelga no negocia. Nos gustaría saber que hablaba ella con los bancos mientras la Plataforma de Afectados por la Hipoteca mantenía encierros o presiones varías. O la alcaldesa de Madrid, que denuncia a dos titiriteros y cesa a los programadores por representar una obra que no era infantil, en lugar de exigir su inmediata libertad.  

Un juez que mantiene en prisión sin fianza a dos titiriteros por enseñar un cartel, donde la policía manipulaba pruebas, amedrenta y coarta la libertad de expresión. Quién se atreverá a hablar si la alcaldesa progresista te denuncia y el juez te ingresa en prisión. Esa es la mordaza que nos quieren poner en las calles.

Y en las empresas está la otra mordaza. Si participas en un piquete eres carne de presidio, el derecho al trabajo es sagrado el día de huelga, ¿el resto de los días, no? Y en este contexto encausan a más de 300 sindicalistas que participaron en las tres huelgas convocadas en el periodo de la crisis, hasta el 2012, donde el miedo y la prudencia entró en las venas de la sociedad.

En Alicante también tenemos lo nuestro. En las huelgas dos trabajadores fueron detenidos y juzgados por actuar en los piquetes, y cinco personas están a la espera de juicio por los hechos «disturbios» ocurridos en la inauguración del AVE. Se produjo una algarada ante la actuación de un único policía que cargo de manera desproporcionada contra un grupo de manifestantes, la algarada duro 7 segundos y les piden 6 años de cárcel. El robo continuado durante años de Rato y Blesa es calificado por el fiscal con 4 años de cárcel. Aquel empresario que no tenía asegurado a un trabajador que perdió un brazo en accidente laboral y lo tiro al contenedor, solo fue condenado con 11 meses de prisión que ni tan siquiera tuvo que cumplir. Parece evidente que la justicia si tiene cara y sentimientos, y no se parece en nada a un trabajador, más bien tiene cara de capitalista.

Nos amedrentan en las calles por protestar, nos amedrentan en la cultura por opinar, nos amedrentan incluso aquellos en los que se deposita la esperanza.

Y si la vuelta a un pasado reaccionario fuese poco evidente, las empresas también están haciendo su limpieza, pensando que es ahora o nunca. Están dando una arremetida contra el último bastión de defensa del interés de los trabajadores y trabajadoras, sus representantes sindicales.

Porque no puede ser casualidad que tres empresas dedicadas al transporte en Alicante hayan despedido a sus delegados/as sindicales, sabiendo que o la justicia se pone la venda, o será imposible que puedan justificar los motivos, ya que no los hay, salvo el dar ejemplo y escarmentar a las plantillas para que no defiendan sus intereses.

En Azkar despiden a una delegada que es miembro de la sección sindical y parte de la comisión negociadora del convenio con más de 25 años de trabajo en la empresa por una llamada de un cliente que se quejaba del reparto y mostró su desacuerdo con la trabajadora que le atendió.

En TNT despiden al delegado sindical que ha participado y no ha firmado los eres en la empresa, miembro de la comisión negociadora del convenio y de la sección sindical estatal, porque hacen una reestructuración y dicen que su puesto sobra.  

En Autobuses Dénia, despiden al delegado después de poner infinidad de reclamaciones contra la empresa y denuncias a la inspección porque dicen que utiliza mal la horas sindicales, pese a tener justificación del sindicato y acudir en sus días libres a la inspección al no facilitarle días la empresa.

Desde el sindicato ya estamos movilizados, y seguiremos hasta la readmisión de los tres delegados. Pero la presión que están sufriendo estos delegados y delegadas así como el conjunto de la clase trabajadora es difícil de compensar. Por eso, decimos que quieren acabar con todo, otra cosa es que les dejemos. Las trabajadoras y los trabajadores debemos ser conscientes que sólo nuestra unidad podrá poner coto a sus ansias de acumular y acabar con todo lo que hemos creado en estos años de luchas.

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