Abusos a menores

17.02.2016 | 07:51
Abusos a menores

De tanto en tanto aparece en los medios de comunicación el tema de los abusos sexuales que sufren los menores. En un colegio religioso en Barcelona es el último caso conocido pero se trata solo de la puntita del iceberg. Amnistía Internacional ha denunciado en diversas ocasiones (lo hace habitualmente), «que niñas y niños de todo el mundo sufren violencia de forma habitual en escuelas, en instituciones pensadas para su protección, en centros de detención de menores y a menudo en su propia casa»; y desde hace unos años miles están involucrados en conflictos armados: niños soldados y niñas prostituidas. En 1989 las Naciones Unidas convocó una convención en defensa de la infancia, que fue ratificada por 195 estados, menos Sudán del Sur y... Estados Unidos. En dicha convención se resaltó que además del daño físico y emocional, el abuso infantil tiene un precio económico que cuesta a algunos países miles de millones de dólares al año.
Muchas mujeres no denuncian el maltrato que sufren pero en el caso de los menores el asunto es más invisible. La misma víctima no suele entender que le está pasando. El delincuente suele ser el maestro, el monitor deportivo, un sacerdote, un amigo del padre, el propio padre con la complicidad de la madre. El 70% de los casos que se conocen se dan en el entorno familiar.
No ha faltado un obispo, el de Tenerife, Bernardo Álvarez, que se atrevió a decir que a veces los menores «provocan» («Hay menores que desean el abuso e incluso lo provocan», 27 de diciembre de 2007). ¿En el caso de ser cierto lo correcto es ceder a la... tentación? La sociedad no debe limitarse a horrorizarse ante estos comportamientos criminales. Se debe hacer un trabajo preventivo. El menor tiene que tener conocimiento de lo que le pasa no es bueno para él. En el ámbito escolar se debería explicar qué es el abuso sexual (sucede también entre alumnos) y qué tienen que hacer: denunciar, si son abusados en casa en la escuela y si es en la escuela en casa, o directamente en la policía. Lo tendrán difícil: la respuesta más común es no creerles y ¿cómo denunciar a las personas que más se quiere o se respeta?.
Este sigue siendo un asunto tabú: erosiona el prestigio que puede tener la familia y de diversas instituciones. Es abrir una caja de Pandora y entonces mejor mirar para otro lado. Estos crímenes ponen en cuestión eso que se llama la condición humana.

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