13 de febrero de 2016
13.02.2016
Impresiones

Pongamos fin al «modo en espera»

13.02.2016 | 04:29

Son muy pocos los que saben que el origen del 15M  estuvo en 8 «frikis» que idearon un modesto acto para rechazar la ley contra las descargas por internet del gobierno de Zapatero.  A diferencia de las elites políticas estos jóvenes estaban conectados con la realidad y a poco andar comprobaron que el campo estaba sembrado de indignación con el régimen.  Entonces, aquel modesto evento se transformo en una manifestación de rebeldía, que decidió acampar en la céntrica Sol .

Desde su origen el 15 M no tuvo nada de ingenuo ; denunció implacablemente al régimen y a sus políticos. «No nos representan», «No al PPSOE», «Democracia Real  Ya», «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros», «Enciende tu rabia», «Poco pan para tanto chorizo», «Me sobra mes al final del sueldo», «Apaga la tele, toma la calle», «Nobody expects the Spanish Revolution», «Nuestros sueños no caben en sus urnas», «No es crisis, es estafa», «Recortes cero», «Toma la huelga».

El 15M se expandió raudo por las grandes ciudades, cruzó fronteras y en un giro inteligente abandonó Sol, repartiéndose por barrios y pueblos. Rodeó el Congreso. Abrió camino exigiendo «un proceso constituyente» para hacer una nueva Constitución desde abajo. Su espíritu rebelde se mantuvo en el tiempo mutando a otras formas de movilización popular, sobrepasó a las burocracias sindicales participando con las Mareas , las Marchas de la Dignidad, los Yayoflautas, la Plataforma contra los Desahucios.

Pero llego el momento de la inflexión.  Durante el 2015 el régimen tuvo un descanso. El apetitoso señuelo de las elecciones logró distraer y dividir al pueblo movilizado. Tirios y troyanos nos volvimos a sentar frente al televisor para tragar una fastidiosa sopa boba. La política paso de las calles a los estudios de televisión, a las poltronas, a las «ventanas de oportunidad» , a dejar de lado el proceso constituyente por una reforma pactada con los de arriba, a  los cambios programáticos para ganar «respeto», a las  pajaritas como símbolo del cambio.

La semana pasada un acontecimiento inesperado nos ha despertado de ese mundo de ensoñación inoculado por los tertulianos. El envío a prisión de «los titiriteros de abajo» ha puesto en evidencia que las reivindicaciones del 15M están plenamente vigentes. No queda otra cosa, necesitamos una democracia real donde el soberano construya desde abajo una nueva Constitución  

Solo miopes y «posibilistas» no advierten que es urgente la ruptura democrática con el régimen del 78. Tenemos «ad portas» una nueva dimensión para la crisis poliédrica del estado español;  irremediablemente habrá que sumar a la crisis territorial, una nueva burbuja financiera y una nueva ola recortes demandada con inquina por Bruselas .

Se empieza a sentir el hastío por el cansino «Juego de Tronos» de las cúpulas partidarias. Para el pueblo no vale la política del gatopardo con sus reformas constitucionales por arriba, hecha por viejos políticos y el nuevo star system.

Si de verdad queremos la revolución democrática de la que hablaban los carteles del 15M  es necesario impedir que en España se produzca lo que Gramsci llamaba revolución - restauración, aquella donde los líderes son coaptados por las clases dominantes para neutralizar el impulso revolucionario de los de abajo.

Habrá que sacarse la modorra , reponer la movilización para poner fin a esta crisis interminable. Quienesparticipamos del espíritu rebelde del 15M debemos dejar «el modo en espera»  y prepararnos para volver a ganar las calles.  

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