El ojo crítico

El problema es el PP

12.02.2016 | 05:07
El problema es el PP

El Partido Popular no tiene un pase más, carece de legitimidad, sus mensajes desprenden populismo radical, le falta credibilidad y sus actos en casi cualquier administración le desautorizan

Hace varias semanas decía que el problema era Rajoy, pero estaba equivocado, el problema es el Partido Popular. Argumentar, como hace Rivera, que hay que contar con los siete millones de votantes me parece un tremendo error. Los votantes se han equivocado. El sistema democrático permite elegir opciones manifiestamente perjudiciales, pero más allá del respeto a las personas está la posibilidad de señalar que han hecho una elección bastante indecente a sabiendas. No cabe duda alguna que millones de ciudadanos honrados en su vida privada han inclinado sus preferencias por un partido (referente durante años de limpieza y buena gestión) podrido hasta el tuétano, convertido más en organización criminal que política, plagado de vividores y derrochador de los caudales públicos. Las últimas noticias, nada sorprendentes, de la trama valenciana, que afecta a la organización nacional, dejan en evidencia a unos políticos obscenamente inmorales que han contado y cuentan con el apoyo del presidente y el resto del aparato. La desvergüenza alcanza el máximo con la operación Rita que le permite mantener el aforamiento en un momento en el que todos, menos su partido, entienden que debe dejar el escaño y afrontar las graves responsabilidades contraídas.

La única salida digna del Partido Popular es dejar que se forme un gobierno, a ser posible con la participación de Ciudadanos, mientras se dedican a una refundación total o a arreglar los papeles para cerrar el chiringuito que ya no da más de sí. Han tirado el dinero en fastos y obras ridículamente faraónicas que no tienen utilidad; han pedido mordidas de casi todo a todos; han trampeado para llevarse la pasta a puñados sin respetar ni el dolor de unos «negratas» asolados por catástrofes naturales; han trincado guita en educación y negado la destinada a dependencia; han abandonado la justicia y depauperado la sanidad pública a favor de amiguetes en busca de una nueva burbuja; han usado las instituciones a su antojo, vaciado las cajas y chuleado al nuevo rey. Son una lacra, una peste que corroe el sistema que algunos de ellos contribuyeron a erigir para bien de todos los españoles. No pueden seguir ocupando escaños impunemente para evadir la acción judicial, para jugar al Frozen o para sacar mordidas en sus dobles y triples dedicaciones. Son casta, efectivamente, clases extractivas o, mejor dicho, sanguijuelas sin pudor ni límites. Deben irse y hacerlo ya.

Teníamos opciones razonables como UPyD, los primeros en denunciar la corrupción, los que sentaron a Bankia en el banquillo y apostaron sin fisuras por la unidad de España en tiempos de compadreos o C's, algo afectado por los residuos de los populares, pero elegimos, como hace dos mil años, a los ladrones, porque el pueblo también yerra y estos indecentes nos ayudaron creando un clima de desorden moral que ha socavado a toda la sociedad y pervertido la democracia. No hay excusa, para nadie.

El PP no tiene un pase más, carecen de legitimidad, sus mensajes desprenden populismo radical, les falta credibilidad y sus actos en casi cualquier administración les desautorizan para la crítica constructiva. Siguen contratando y eligiendo a deshonestos y timadores, escudándose, como el afectado César Sánchez, en tiquismiquis de picapleitos. Es un partido profundamente degradado y perturbador, cuyo único objetivo es la permanencia en el poder, ajenos a ideales, programas o proyectos. Funcionan parecido a una mafia y esto es manifiestamente contrario al Estado de Derecho. Nos dan asco gran parte de sus dirigentes, produce grima su sola presencia, molesta cuanto dicen, aunque sea sensato, pues sale de bocas sucias que nos escupen al hablar sus apestosos tejemanejes. Nos los merecemos por haberlos votado, pero ya huele demasiado para que se escuden en utopías bolivarianas o en hundimientos patrios. Ellos son el problema más urgente, hay que hacer «taula rasa».

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