10 de febrero de 2016
10.02.2016

Lobo domestica a hombre

10.02.2016 | 12:22
Lobo domestica a hombre

Con esta curiosa metáfora, existe ya toda una corriente de pensamiento que trata de replantearse algunos temas que dábamos por sentados. Ciertamente podemos desarrollar la fábula con la idea de que fue en realidad el lobo quien domesticó al hombre, acostumbrándole a que le cuidara y le diera alimento. y, en contrapartida, el lobo se convirtió en perro, para adaptarse a las necesidades de afecto que detectaba en el ser humano.
De igual manera, en las relaciones de dependencia emocional, entendemos fácilmente que existe una «correa invisible» entre dos personas, y que una de ellas es el dominador, y la otra, el dominado. Acostumbramos también a atribuir unas características a cada uno de ellos, y experimentamos emociones diferentes en cada caso.
Pero ya en anteriores ocasiones hemos sugerido que, para lograr un cambio saludable en ese tipo de relaciones patológicas, hemos de prestar atención, en primer lugar, a los motivos por los cuales, tanto el dominador, como el dominado, han decidido ubicarse en su rol. En pocas palabras, ¿Qué beneficio obtienen con ello? Los beneficios no han de ser necesariamente económicos. Pueden ser emocionales, sociales, psicológicos, o de cualquier otra índole.
Para ciertas personas, la posición de «dominado» puede ser pretendida, ya sea de forma consciente o inconsciente, creyendo que le proporciona ciertas ventajas. El dominado, por ejemplo, no ha de exponerse demasiado socialmente, cuenta con el apoyo de los demás y una buena crítica. No necesita tomar decisiones arriesgadas, pues ya las toman por él. Así mismo, obtiene una cierta protección, a algún nivel.
Por su parte, el dominador, mejorará su autoestima, creerá que ostenta el poder y el control en la relación, se apropiará de la energía del dominado, y contará con un aliado incondicional que refuerce todas sus decisiones.
Se trata de una relación patológica, que en absoluto respeta los derechos del otro ni los propios, pero que se presenta con frecuencia a nuestro alrededor. Identificando los motivos que nos llevan a elegir uno de esos roles, podemos comprender las carencias que estamos tratando de suplir con esa relación insana y, a partir de ahí, podemos elegir resolverlas por nuestros propios medios, de forma autónoma, sin necesidad de sacrificar nuestra dignidad.
Probablemente las personas no somos seres absolutamente autónomos. Necesitamos de los demás para completarnos y, quizá, nuestra esencia surge en la propia relación que establecemos con el otro. Pero esa relación puede ser para enriquecerse mutuamente, como dijo Kali Hame, sin sacrificio.

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