07 de febrero de 2016
07.02.2016
El ojo crítico

No solo en Dinamarca

07.02.2016 | 05:00
No solo en Dinamarca

Aquí, en casa también, el hedor nos ha llegado a tufaradas. Teníamos noticia de lo ocurrido en tierras danesas a través del dubitativo Hamlet, en la más famosa de las obras shakesperianas y resulta que por estos lares nuestros, esa cosa, la hidra de las multicabezas, ha tomado posiciones entre nuestra clase dirigente, oponente y mixta. Qué no se escapa nadie, vamos. Es posible que exista alguna excepción, dicho con generosidad esperanzadora, que honre a su defensor. Y nada más.

Fue Marcelo, uno de los guardias del enorme castillo de Elsinor, donde habitaban los monarcas, quien dio la voz de alarma: «Algo huele a podrido en Dinamarca». Fue suficiente para poner en tensión al siempre tensionado protagonista de la obra. En una mano la calavera, manoteando con la otra y recorriendo todas las estancias del palacio, fue creando el inmortal monólogo «Ser o no ser, esa es la cuestión». Cuestión que al campeón de las dudas le impedía decidir con claridad y presteza si es mejor la resignación o la lucha, concluyendo que la conciencia y el pensamiento conducen a la inacción. ¿Sigue el lector atento? ¿Hace camino al escuchar? El monólogo no tiene desperdicio, ni una coma mal puesta, ni un punto fuera de lugar.

El artículo comienza a tomar forma, se encuentra con parejos de otras culturas que le sirven como ejemplos, porque se trata de gente con los mismos problemas y algunos defectos y muchas coincidencias. Hablando de Dinamarca y del Hamlet se nos ocurre pensar en ciertos personajes de regiones nacionales españolas que tienen bien ganada fama de no saber si suben o bajan una escalera, si te saludan o te dan el pésame, dudan hasta de sus propias palabras y son poseedores de tics muy especiales e inevitables que les descubren, la duda llega a sus propios escritos y palabras. Sienten la comezón del enrojecimiento involuntario cuando hacen uso de la falsedad, tan frecuente en ciertos personajes. ¿Encontró el camino el lector? Sin duda ninguna.

Ante la disparatada situación en la que nos ha metido la última cita electoral y viendo la incapacidad manifiesta de buena parte de los políticos de los que disponemos, no es de extrañar que se pervierta el ambiente con olores a huevos podridos, a pescado putrefacto, todo mezclado con la corrupción galopante que no respeta instituciones, ni personas, y el aire que respiramos se mantiene enrarecido no permitiendo que los pulmones trabajen en libertad en el amplio campo saludable.

La incursión por tierras danesas se produce como consecuencia de unas declaraciones –también por movimiento simpático– del señor Guiraute, portavoz de Ciudadanos quien manifiesta que no existe hedor en el entorno del PP, no en sus actuaciones, es el portavoz del partido el que, realmente, apesta con su actitud violenta, insultante y siempre ofensiva. El portavoz actúa como un ejecutivo agresivo contra todo el que discrepe de su opinión, contra toda la sociedad que no milite en las filas de su partido. Su mirada crítica nunca se detiene en ese rincón de pestilencia que provocan unos cuantos señores irredentos que nunca cogieron una pluma para expresar un sencillo pensamiento o anotar un curioso mensaje, en cambio si usaron el sillón prestado y pagado con dietas no siempre merecidas. En tan cómodo y orondo espacio, algunos, afortunadamente los menos, pasan el tiempo sin demasiada actividad contemplando ese ombligo capaz de provocar una enfermedad un tanto rara. Añade el señor Guiraute que habla alto y sin tapujos que al PP y a su presidente les acusa de negligencia continuada y suma también alguna salida de pata de banco al manifestar, después de la segunda negativa, participar en la formación de un gobierno, renunciando, con ello, a satisfacer el interés de sus tan traídos y llevados siete millones de votos.

Y como resumen final de la actuación de nuestro presidente en funciones el propio afirma, en alarde de humorismo, parodiando a Tono y Mihura, autores de la famosa obra teatral «Ni pobre, ni rico, sino todo lo contrario» que él, «ni renuncia, ni deja de renunciar, sino todo lo contrario». Originalidad. Ahora a esperar que fracase el líder socialista como punto central de la estrategia de nuestro particular campeón de la duda.

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