El mundo por de dentro

Reducir las desigualdades y reformar la Constitución

06.02.2016 | 05:16
Reducir las desigualdades y reformar la Constitución

«Los grandes problemas estructurales (el del paro es coyuntural, aunque duradero) de nuestro actual sistema político son la corrupción, la partitocracia y la inestable integración territorial». Este es el diagnóstico para la reforma constitucional que el recientemente fallecido expresidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente plantea en su último artículo aparecido en la revista Temas, nº 253 de diciembre último, con el título de Prólogo para una reforma. La corrupción es para Rubio un «un problema de moral social y de justicia penal (Código Penal)», los otros dos son constitucionales. La reforma constitucional debe ceñirse a corregir la «degeneración partitocrática» y a la «integración territorial». Este debe ser un tema nuclear de la legislatura.

Conocí a Rubio Llorente en el curso 1969-70 cuando daba clase de derecho constitucional en una asignatura que se llamaba «Teoría del Estado y Derecho Constitucional». La primera parte de la denominación era deudora de los teóricos germanófilos y la segunda a los vientos aperturistas del tardo franquismo. Los titulares de las cátedras eran Manuel Fraga y Carlos Ollero, el primero andaba por el ministerio de Información y Turismo y el segundo haciendo turismo por el extranjero tras la caza de brujas en la Complutense. Rubio que entonces era un «PNN»- profesor no numerario, ayudante- explicaba las diferencias del título y profundizaba en los distintos modelos constitucionales democráticos. Luego asesoró a los padres de la Constitución actual desde la secretaría de las Cortes.

La única forma para que los miembros de los partidos tengan mas independencia de la dirección, que debería ser el primer tema de la reforma, es incrementando al tiempo su responsabilidad ante los electores «es una reforma profunda del sistema electoral eliminando el pie forzado de la circunscripción provincial». El otro tema central de la legislatura, la «integración territorial», viene del choque entre dos ideas de España: una nación única y el pueblo español titular del poder constituyente; o la que entiende el Estado español como producto de la libre concurrencia de voluntades distintas. «En 1978 el choque se eludió mediante la ambigüedad. Seguir en ella no resuelve el problema y probablemente lo agrave. Para superarlo hay que intentar conciliar ambas visiones de España en una más amplia. La de nación de naciones». Estos son los temas expresados con la autoridad de Rubio Llorente de los que debe tratar la reforma y para eso son imprescindible la concurrencia de PP y PSOE y de los nacionalistas, más «todas las fuerzas políticas que pueden formar Gobiernos». Es una reforma que debe iniciarse ya. En contra de lo que se ha repetido desde el PP «el acuerdo sobre el detalle de la reforma, sobre los preceptos a sustituir o modificar solo es necesario al final del camino, no a sus comienzos». Identificados los dos grandes problemas que requieren una reforma constitucional lo que hace falta es consensuar «en términos muy abiertos sobre las ideas que han de guiarla para dar solución a los problemas detectados».

El procedimiento para la reforma sin embargo es obligado, «y no puede ser objeto de negociación ni acuerdo». Para que no hayan dudas, ya manifestó en una entrevista que el derecho a decidir no tiene encaje constitucional, «pero ni en España, ni en Canadá, ni en Reino Unido, en ningún sitio». «¿Separarse sólo por la voluntad de los catalanes?, eso no es posible».

Los temas constitucionales y las desigualdades sociales agravadas por las políticas de austeridad son los temas centrales de ésta legislatura. Si los primeros requieren superar las resistencias de las derechas, incluidos los nacionalismos; los segundos –no menos importantes- requieren que las izquierdas transformen las proclamas en políticas. Ambas cosas exigirán decirles a sus respectivos electores cosas que no siempre les gusta oír. Es arriesgar, que es a lo que están obligados los líderes, cuando realmente lo son.

Repetir elecciones no solucionará nada: según la estimación del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) no hay diferencias significativas con los resultados de las pasadas generales; porque, en contra de lo que se ha dicho, están dentro del margen de error de +/-2%. El momento en que se hizo la encuesta es importante, pero si hay cambios en un futuro inmediatos serán pequeños, la gente cambia muy lentamente de opinión. Y serán en contra de aquellos partidos a los que los ciudadanos vean como responsables de la repetición de las elecciones. Los que no aborden ya los problemas lo pagarán en las urnas.

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