Salvar al soldado Sánchez

02.02.2016 | 04:30
Salvar al soldado Sánchez

Comenzamos diciendo tras el 20D, que la situación política traslucía mucha complejidad, en especial para el Partido Socialista y para Sánchez, habida cuenta de la política de pactos. El joven arponero advirtió de la voracidad de la ballena de Podemos, que como el cetáceo de Herman Melville había embestido con furia una y otra vez, contra la armazón del barco del centenario partido, abriéndole fugas de agua, para tratar de hundirlo, no sin antes devorar todo su capital humano, primero en forma de votos, y ahora exigiendo carteras y nada menos que la vicepresidencia en un futurible gobierno, sin ante haber consultado con la fuerza con la que pretenden pactar.
La voracidad de Podemos ha quedado demostrada, engulleron primero a Izquierda Unida, engañaron después a Compromís con el grupo parlamentario y por último quieren hacerlo con el PSOE, ocupando su espacio político y electoral. Es pues en este escenario, en el que uno comprende, que no comparte del todo, las intervenciones de Felipe González, Alfonso Guerra o Corcuera. Los históricos, a vieja guardia como gusta llamar a la prensa, aportan su grado de sabiduría y reflexión en un marco especialmente complejo, sabiendo del peligro descrito, de la pinza que antes de elecciones intentó tejer Rajoy con Iglesias, y de las experiencias políticas como la pinza citada aquí, que en su día unió a Aznar con Anguita, y que en esta ocasión se ha convirtió en un operación de envergadura multiplicada hasta que después del 20D, los populares vieran que la operación se les había ido de la mano.
Comenzaron entonces las interpelaciones a una Gran Coalición, entre PP y PSOE, o un «gobierno del Ibex», como así se ha dado también en llamar, con una alianza entre PP, PSOE y Ciudadanos. En este sentido, hay que repensar y matizar las ideas de Felipe González con las interpretaciones dadas por los medios, y para ello nada mejor que recurrir a unas fuentes directas, defecto profesional tal vez, citando parte de su reciente entrevista en El País:
«P. ¿Es partidario de una gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos? R. De ninguna manera. Me parece una propuesta que nace de un fracaso y que no se plantea la gobernanza de España en el medio plazo. El fracaso es el de la estrategia que algunos llaman del "Gobierno del Ibex", una suma PP-Ciudadanos que fuese mayoritaria, creando así una pinza contra el Partido Socialista apoyando la subida de Podemos. ¿Recuerdan a Rajoy el 6 de diciembre animando a Iglesias? "Vas bien Pablo, vas bien", le decía. Eso falló, y pasaron del lema "hay que salvar al soldado Sánchez", ideado para hundir al candidato, a hacer a Sánchez responsable de la estabilidad que sugieren, ya después de las elecciones del 20 de diciembre».
Cobra sentido pues las advertencias de los históricos. Sánchez no puede formar gobierno al precio que sea. En este sentido me tranquila mi colega César Luena al decir que «el PSOE nunca gobernará a toda costa». Pues en efecto, no se puede tener una corona sin reino, porque el PSOE es un instrumento de transformación social, una herramienta al servicio de los trabajadores, que pertenece a sus militantes, y no a barones territoriales sin registro notarial en ningún estatuto, ni tampoco a fuerzas políticas exógenas. Pero tampoco se puede dejar gobernar a un Partido Popular, lastrado una vez más estos días por los casos de corrupción. Por eso, la última decisión de Sánchez en el comité federal de dar la voz, a través de una consulta a los militantes ratifica su capacidad de liderazgo. Los que vinieron a acabar con Sánchez el día 28 de diciembre, se encontraron con que era un líder mucho más hábil de lo que esperaban, que no era un secretario general de quitar y poner, y que sobre todo respeta las decisiones de la militancia. Vale.

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