Impresiones

El arte de la no política

29.01.2016 | 05:30
El arte de la no política

En la juventud es cuando se manifiesta las ganas de arreglar el mundo. Y el mundo, bien es cierto, no hay quien lo arregle pero sí se puede contribuir a que sea, al menos en el entorno más próximo, algo mejor. No nos referimos a ese mundo desleal donde unos pocos mandan y disfrutan de lo que otros dan o hacen. Nos referimos a esa parte de jóvenes recién salidos al mundo social devorador y ellos, llenos de altruismo desinteresado y lejos de toda política, se involucran hasta la médula para que las cosas funcionen mejor.

A estos jóvenes, que no me cabe duda, en muchos casos, tienen una capacidad intelectual e incluso profesional a toda prueba, habría que instruirlos en el juego iniciático de lo que es la política. Nada mejor que conocer la evolución del poder a lo largo de tres mil años de historia, sí, tres mil, para ser conocedores de que sin política, y todo lo que conlleva, es muy difícil sobrevivir cuando uno muestra un interés por el estado del bienestar y la armonía entre empresa y trabajadores.

Se puede dar la circunstancia de que algunos jóvenes, con sus ideales y metas perfeccionistas en su profesión, se vean engullidos por el sistema que regula la sociedad. De repente, es posible que se encuentren con murallas inescrutables porque sus voces se ahogan en las malas interpretaciones de sus hechos y/o palabras. Enseguida tendemos a poner el yerro, como a las vacas, encasillando a todo aquello que disienta de las alturas. Y esto no es así. Siempre se ha de ser uno mismo y llevar el diálogo hasta las últimas consecuencias. Si no se entienden, algo está fallando. Lo que no se puede es utilizar a nadie en nombre de nadie para trepar a costa de los incautos.

Si la política es un arte, la no política lo es más porque los iniciados tendrán que nadar contra corriente y nadie suele entender el hecho de estar de acuerdo con unas formas de actuar de unos y otras de otros, protegidos bajo unas siglas políticas, situándolos en tierra de nadie.

Luchar contra esa corriente que arrastra a las masas, que se lo dan todo hecho, es harto difícil. Mantener un criterio y una personalidad ha de ir acompañado de mucha información, muchos conocimientos y sobretodo escuchar la voz de la experiencia para no caer en ningún abismo que repercuta contra futuras opciones que les dará la vida.

Autores que se han visto abocados a esta incomprensión por parte del sistema que acompaña a toda forma de hacer política, han dejado plasmado los métodos empleados para subir a puestos de poder, así como para destruir «totalmente» al contrincante.

Robert Greene publicó en 1998 Las 48 leyes del poder. Un libro que instruye, como algún autor, ya clásico, Sun Tzu y su Arte de la Guerra o El Príncipe de Maquiavelo las tácticas utilizadas a lo largo de la historia de la humanidad aplicadas a la política. Engaños, maneras de liderar, talento o estoicismo son algunas de las claves que podremos encontrar para analizar al político en todo su esplendor. Para iniciados en la no política, sígase lo contrario de estas claves, no dejar entrever su corazón vulnerable contra las injusticias y hágase según Arte.

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