28 de enero de 2016
28.01.2016

Fernando Casado: Un hombre comprometido

28.01.2016 | 05:22

Regresaba del trabajo y, a punto de comer, escuché y vi la llamada de mi amigo Onésimo. Por no ser habitual a esas horas, presentí algo inesperado. ¿Te has enterado?, me dijo. Le respondí que no sabía nada. Me volcó la noticia de inmediato y por un instante, de esos que asemejan ser infinitos cuando un impacto nos descoloca, enmudecí. Me aportó algún detalle más y quedamos para llamarnos cuando supiéramos algo concreto de lo que vendría a continuación.

Durante la comida, mi mujer y yo hablamos de nuestro afecto hacia él; de la insignificancia del transcurrir vital; de la perplejidad que invade a quienes –la inesperada ausencia- golpea con la mayor de las durezas; de los consejos reiterados de nuestros hijos, que nos invitan a cuidarnos, a saborear lo mejor de la vida y a no permanecer atados a cosas superfluas e intrascendentes.

El impacto nos ha sacado de la vía cotidiana: Costará un tiempo desplazar el recuerdo a una vía paralela hasta que -en cualquier recodo- lo dejemos atrás, descansando, porque la persistencia del camino se irá llenando de nuevos afanes que distraerán los recuerdos recientes, e irán siendo cada vez más lejanos, más difusos, más irreconocibles. Sólo la familia y los más íntimos evocarán con frecuencia su adiós.

No puedo decir que nos uniera una gran amistad, de esas que demostramos con el trato frecuente, pero sí un compromiso inalterable en torno a lo que valorábamos como trascendental en la acción política y sindical, en defensa de lo público y muy pegados a quienes la vida no les ha dado generosamente lo que otros sí disfrutan.

En el último año, tal vez más, pudimos hablar en ciertas ocasiones del enfoque que los poderes públicos debían contemplar para paliar el desarrollo deficitario actual, el inmutable desempleo y la falta de horizonte en las decisiones de los gobernantes.

Aunque no siempre coincidíamos con el diagnóstico y con las decisiones aplicables, sí nos unía el objetivo último que nos encaminaba a compartir un respetuoso y cercano diálogo en torno a esa pasión compartida por la superación de los problemas endémicos de una sociedad que ha distraído su rumbo; que no ha sabido ni elegir gobernantes comprometidos con los más débiles, ni hacerlos salir de los puestos de representatividad cuando se ha detectado incumplimiento reiterado de lo prometido. En cada ocasión nos escuchábamos con atención y a buen seguro que ambos hubiéramos deseado compartir más tiempo de provechoso y reflexivo coloquio: Existía un afecto recíproco.

Petrer, ha perdido hoy a uno de sus hijos, honorable y comprometido con el bien común, faro de los acontecimientos que estaba estructurando para paliar la decadencia industrial que ha generado tanto desempleo y tanta injusticia social. Me hubiera gustado colaborar en lo que estaba iniciando. Ya no podrá ser igual.

En mi memoria quedará siempre presente un más que sincero afecto y un enraizado reconocimiento por su compromiso, su lucha y su entrega por los ideales de la igualdad.

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