22 de enero de 2016
22.01.2016
Tribuna

Inexplicable no, irresponsable

22.01.2016 | 04:56
Inexplicable no, irresponsable

Son irresponsables incluso los argumentos del PSOE para justificar lo injustificable, como si fuésemos idiotas, al manifestar que el préstamo de senadores es una «cortesía parlamentaria»

La polvareda política interna y externa que ha causado Pedro Sánchez con la cesión de cuatro senadores socialistas, dos a ERC y dos a DiL, para que tengan grupos propios en el Senado, lo que le negaron las urnas, y posibilitar que el PNV tenga un puesto en la mesa, cedido por el PSOE, ha provocado una serie de calificativos por parte incluso de los propios barones socialistas que van desde «inexplicable» a «indeseable», pasando por «inoportuna», «anómala», «desafortunada», acertados todos ellos menos el de «inexplicable» pues la obsesión de Sánchez y su necesidad política personal de ser investido presidente de Gobierno, al estar cuestionada su supervivencia política, lo explicaría todo. Cuestión distinta es la explicación que da él y sus más fieles colaboradores, conscientes de que si no logran su único objetivo le acompañarán al exilio político, para justificar medida tan cuestionada y darle apariencia de normalidad cuando el asunto no sólo es anormal e inédito sino que además es irresponsable, adjetivo que, curiosamente, ninguno de los barones socialistas utiliza, lo que hace pensar que como muchos de ellos ya gobiernan autonomías y ayuntamientos en perfecta sintonía con opciones separatistas totalitarias (entre otros, varias decenas de ayuntamientos catalanes adscritos a la Asociación de Municipios por la Independencia), la airada protesta pública frente a la irresponsable decisión de Sánchez de pactar con el diablo para conseguir gobernar es, simplemente, una pose de cara a la galería y no un rechazo radical a un pacto larvado de los socialistas con radicales de extrema izquierda, independentistas totalitarios y pintorescas opciones anticapitalistas que, en caso de consolidarse, acarreará graves perjuicios políticos, sociales y económicos a todos los españoles. Por tanto, la decisión de Sánchez y su Ejecutiva, inexplicable no, simplemente irresponsable.

Irresponsables incluso los argumentos, engañando a la ciudadanía, para justificar lo injustificable, como si fuésemos idiotas, al manifestar que el préstamo de senadores es simplemente una cuestión de «cortesía parlamentaria» (Oscar López), una tradición que supone simplemente «una cierta situación anómala» (Ximo Puig) o una práctica habitual que socialistas y populares hacen con «asiduidad» por lo que «es una circunstancia que se ha repetido mil veces; no es la primera vez» (Micaela Navarro), ya que, incluso pasando por alto esa especie de beatífica y gratuita «cortesía parlamentaria» sin pedir nada a cambio, que nadie se cree, ocultan de forma irresponsable que, en efecto, no siendo la primera vez que ni populares ni socialistas han cedido parlamentarios, aunque no por razones altruistas de profundización democrática (para eso están los resultados electorales y los reglamentos que ponen a cada uno en su sitio), sí es la primera vez que semejantes concesiones, hechas a espaldas de los ciudadanos, se hacen a opciones políticas antidemocráticas, anticonstitucionales o independentistas (cuando se hicieron a CiU, era una opción nacionalista constitucional) que tienen planteado un pulso totalitario al Estado de Derecho, una especie de golpe de Estado civil, amenazando con romper España y secuestrar la soberanía nacional mediante la desobediencia a la legalidad democrática y el desacato desde las propias instituciones al imperio de la ley, base esencial de cualquier Estado de Derecho democrático. Esta es la grave irresponsabilidad en que incurre Pedro Sánchez y quienes le apoyan dentro del PSOE, partido esencial desde la Transición en la vertebración de España y en su gobernabilidad que, con semejante medida se echa al monte, al igual que en su momento hizo Zapatero prometiendo a nacionalistas e independentistas catalanes, sin tener competencia para ello, que todo lo que viniera del Parlament de Catalunya sería apoyado por el Gobierno que presidía. De aquellos polvos, estos lodos antidemocráticos que Sánchez, en vez de aislar, prefiere extender amplificando la voz de quienes se sienten tan a gusto revolcándose en semejante lodazal. ¿Se entendería como irresponsable semejante «cortesía» con Amaiur, Bildu, Geroa Bai, BNG? en plena efervescencia del radicalismo abertzale? Por razones obvias, jamás se hizo, ni por «cortesía», ni por interés particular alguno.

Así pues, explicable, aunque irresponsable, para que a Pedro Sánchez le salgan las cuentas, pactando con los comunistas de Pablo Iglesias, pacto que ambos siempre negaron, si estos permiten venderlo mejor de cara al Comité Federal, posponiendo el ilegal «derecho a decidir» y retirando la promesa de un «referéndum» independentista. De ser así, salen las cuentas para investir a Sánchez en segunda votación con los votos afirmativos de PSOE, Podemos, IU y PNV, además de la «cortesía» generosa de la calculada abstención de los independentistas de ERC y DiL, la camuflada marca de CDC. Objetivo personal de Sánchez cumplido que venderá a la ciudadanía como «gobierno de izquierdas progresista» a pesar de los apoyos, ¡eso sí, por «cortesía»!, de las derechas nacionalistas (PNV y DiL), de las izquierdas totalitarias independentistas (ERC) y del variopinto elenco de minoritarios partidos radicales, aglutinados en Podemos, que andan a la gresca entre ellos mismos y califican a nuestra democracia como «régimen», heredero del franquismo, al que hay que eliminar y sustituirlo por las solventes «democracias» populistas.

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