22 de enero de 2016
22.01.2016
Visiones

Deshaciendo nudos

22.01.2016 | 04:56
Deshaciendo nudos

Los verbos unir y desunir solo están separados por una palabra, pero hay que ver las grandes diferencias que existen entre ambos. Por el primero las personas ponen todo de su parte para construir, aúnan esfuerzos para la consecución de un logro común final y se esmeran en conseguirlo. Al mismo tiempo, liman las diferencias que puedan existir entre ellas para que el resultado sea de unión y no de enfrentamiento, ponen sobre la mesa los distintos pareceres acerca de un hecho concreto y tratan de buscar puentes de acercamiento y de unión para concentrar sus respectivos esfuerzos para que el objetivo se alcance. Sin embargo, los hay que apuestan firmemente por el segundo de los verbos antes citados y se centran en la desunión, en el enfrentamiento y en la confrontación, viven y se mueven en ella como pez en el agua, y por nada del mundo buscarían la técnica anterior de tender y construir puentes para acercar sus respectivos puntos de vista sobre las cosas. Sobre todo, porque el enfrentamiento es el caldo de cultivo donde mejor se mueven y la unión y el acercamiento dejaría de alimentar las posiciones en las que se sitúan.

Pues bien, bajo esos puntos de vista se mueven hoy en días las sociedades y las personas con dos formas de ser y ver las cosas y con esos planteamientos tan opuestos y tan diferentes. Porque se trata de actitudes ante la vida que definen a las personas y a las sociedades, las retratan y las fotografían en sus escenarios. Lo curioso es que es en esas fotos ambos tipos de personas sonríen, y desde luego no entendemos todavía por qué lo hacen los que tratan de desunir a las sociedades y buscan el enfrentamiento, salvo que la sonrisa vaya dirigida a alimentar más el enfrentamiento por el conocimiento de la otra parte de que por muchos intentos que se hagan para acercar posturas la unión nunca se va a conseguir, bajo la máxima de que si uno no quiere tender la mano a otro la paz en un conflicto nunca se va a encontrar.

Ayer se celebró el día de la mediación, una figura que tiende, precisamente, a acercar las diferencias que existen entre las personas y que, aunque lentamente, va calando hondo, sobre todo en la mente de los profesionales que en la provincia de Alicante han apostado por ello, como los abogados, médicos, economistas, procuradores, aparejadores, y enfermeros, que han seguido sus cursos de mediación para obtener una titulación profesional y reconocida públicamente como mediador profesional. Y, desde luego, da gusto apreciar cómo muchos profesionales ya están dispuestos a resolver conflictos que tienen los ciudadanos como la propuesta realizada por el Colegio de Aparejadores para resolver el conflicto entre vecinos y hostelería que debe resolverse ya, y qué mejor que un mediador para poner paz velando por los intereses de todos, pero sobre todo vigilando que no se pierdan empleos y puestos de trabajo por este conflicto, que ahora, por encima de cualquier interés, es lo más sagrado que hay. No lo olvidemos.

Así las cosas, vemos que mientras que hay personas y grupos que solo se preocupan por deshacer nudos, otros se esmeran con una actuación cuasi profesional en seguir haciéndolos y, sobre todo, impidiendo que los que quieren deshacerlos consigan su objetivo, toda vez que si observan que los primeros han deshecho algunos, van a hacer los suficientes como para que el conflicto se mantenga, porque esa es su forma de justificar su presencia en la vida y en la sociedad. No entienden su presencia fuera de la actitud del conflicto, y, por descontado, para nada les interesa que el nudo se deshaga, porque si se logra ya se encargarán de hacer otro para mantener el enfrentamiento. Y por mucho que ante los demás planteen que el culpable de la desunión es la otra parte, internamente siguen alimentando la imposibilidad del acuerdo, salvo que la cesión absoluta de las posturas de la otra parte les lleve a considerarse «vencedores» en el conflicto. Para estas personas la mediación es imposible porque viven bajo el alimento de la crispación y del «no» a cualquier posicionamiento que se haga que no sea aceptar al 100% sus posturas de las que no puedes sacarles, y al final te das cuenta que por mucho que te esmeres en deshacer nudos no lo harás con la rapidez suficiente como para llegar al final sin que te hayan enredado mucho más la madeja.

Por todo ello, el egoísmo de muchas personas es lo que ha llevado a los pueblos a las crisis económicas y las guerras entre ellos, y mientras unos siguen empeñados en construir otros lo hacen en destruir. La pregunta clave es quién ganará estas partidas en las sociedades y ello solo el propio pueblo lo sabe.

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