21 de enero de 2016
21.01.2016
Tribuna

Prefiero otros rumbos y otras banderas

21.01.2016 | 04:08
Prefiero otros rumbos y otras banderas

El pasado 28 de junio, Ximo Puig decía en su toma de posesión al frente del Consell que el pacto sobre el que se iba a erigir el nuevo gobierno valenciano era «un acuerdo para progresar juntos, sin dejar a nadie atrás. Porque no vale el crecimiento a cualquier precio, porque no hay que esperar a crecer para redistribuir». Ahora, pasado casi siete meses desde aquellas palabras, es justo reconocer el esfuerzo y la convicción demostrada por el Consell para pasar de las palabras y las promesas a los hechos, y además, en tiempo récord.

Este barco, el del nuevo Consell, partía a finales de junio del pasado año cargado de ilusión, motivación y esperanza. Y también fortaleza. Porque, tengámoslo en cuenta: mucha energía y entereza había que tener para enfrentarse a la ardua tarea de hacer partir un barco que hacía aguas por todos los sitios, y en el que sus capitanes habían decidido que si alguien tenía que tocar fondo y pasar penurias iban a ser los de abajo, la ciudadanía llana. Ellos ya tenían sus botes salvavidas reservados, incluso algunos ya habían abandonado el barco ante la inminencia del naufragio.

Así, con las ideas claras, y la ruta que, inspirada en la realidad de millones de personas de esta Comunidad, marcaba el conocido como «Acuerdo del Botánico», este gobierno se preparó, se organizó y se puso manos a la obra. Lo hizo para recuperar muchos de los derechos agujereados por el anterior gobierno del PP y que provocó que miles de ciudadanos de esta tierra vivieran con el agua al cuello en ámbitos como la sanidad pública o la dependencia. De ahí, que unas de las primeras medidas aprobadas fuera la recuperación de la sanidad pública universal para todas las personas, la eliminación del copago farmacéutico o el copago a la dependencia en centros de día.

Y ahora, aunque todavía queda agua por achicar y algún boquete por tapar, se ha conseguido, no sólo taponar la entrada de injusticias y desigualdades, sino que se han logrado reforzar y ampliar derechos para las familias: el plan de lucha contra la pobreza energética, la paralización de desahucios en viviendas públicas para familias en riesgo de exclusión o el proyecto Xarxa Llibres son buen ejemplo de ello.

Estamos pues ante un gobierno que, desde la pluralidad y el diálogo permanente, se ha propuesto seguir el mandato que emerge de los pueblos y ciudades de esta Comunidad, y así poner rumbo directo hacia un futuro con más justicia social y con más progreso. Y eso se consigue con nuevos compromisos y con la frescura de nuevos retos como los recientemente conocidos.

No cabe duda que el esfuerzo para reflotar la Comunidad Valenciana tendrá detractores. Defiendo el respeto a aquellas personas o colectivos que no comparten la agenda social y de progreso del gobierno de cambio en la Generalitat: la crítica siempre sirve para ser consciente de la existencia de otros puntos de vista y ayuda a mejorar.

No obstante, no parece que la crítica constructiva sea una de las virtudes de quienes, hasta hace siete meses, llevaban al naufragio a nuestra Comunidad. En efecto, me estoy refiriendo al PP. Tengo que reconocer que no esperaba ni ayuda, ni cooperación, ni la más mínima disculpa por todos los atropellos sociales y morales perpetrados durante los 20 años que estuvieron al mando de la nave, teniendo incluso la desvergüenza de llamar al acuerdo de progreso como el «acuerdo del Titanic» desde la tribuna de las Cortes Valencianas. Sí que esperaba algo más de prudencia y humildad. Qué ilusa.

Prefieren agitar miedos, demagogia y banderas que, siendo de todos, pretenden apropiarse. El PP valenciano, incapaz de ondear las banderas de la honradez y la gestión decente, se envuelve en la Senyera en un intento pueril de que olvidemos todo el mal que han hecho. Se crecen y alardean hasta la exageración ante los símbolos, mientras se siguen escondiendo ante los problemas de los valencianos y valencianas, que no viven de banderas, himnos e identidades, sino del esfuerzo de su trabajo permanente para sacar adelante sus proyectos de vida.

Pero cada uno marca su rumbo, su camino y su papel en este tiempo. El PP prefiere ser «iceberg» frente a un barco que navega a buen ritmo. Allá ellos.

Yo prefiero otros rumbos y otras banderas: la del progreso, la de los derechos sociales, las que hacen más libres y felices a las personas y la colectividad. Éstas son las que nos unen de verdad, porque nos hace iguales en derechos y oportunidades. Esta es la bandera que ondea en el nuevo gobierno de la Generalitat Valenciana y por la que muchos vamos a seguir remando sin descanso hasta que el barco llegue a buen puerto.

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