20 de enero de 2016
20.01.2016
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La agonía de nuestro campo

20.01.2016 | 03:41

Mucho se ha escrito estos últimos días sobre la sequía que vivimos en la Comunidad Valenciana y en la Región de Murcia? Mucho se ha escrito y muy poco se ha resuelto.
Es cierto que los embalses de cabecera del Tajo están en una situación que, de acuerdo con los términos incluidos en el Memorándum que actualmente regula el trasvase Tajo- Segura, no permiten trasvasar agua entre cuencas. Esta falta de agua en la cabecera ya dificulta enormemente la llegada de recursos hídricos a nuestros campos de Alicante, Murcia y Almería, pero es que, además, cualquiera de las medidas alternativas que se están intentando poner en marcha para intentar paliar momentáneamente los efectos devastadores que ya venimos sufriendo dos años seguidos, se bloquea una y otra vez por todo tipo de intereses que poco tienen que ver con nuestros agricultores y con nuestras cosechas.
Ante una situación de excepción como la que estamos viviendo, está claro que las medidas deben ser excepcionales. Ante las leyes y normativas que regulan la cotidianidad, existen siempre situaciones de emergencia que piden a gritos su flexibilización. Evidentemente para ello, el esfuerzo para la búsqueda de soluciones y alternativas debe multiplicarse exponencialmente y las medidas que se adopten requieren que todos los interlocutores entiendan y participen en la solución de consenso que se puede lograr si se dedica el tiempo y el esfuerzo que sea necesario.
Mucho se está defendiendo también en estos días la unidad nacional en lo que respecta a la soberanía, pero, ¿qué tipo de unidad real y práctica estamos viviendo si en una zona de nuestro país se inundan los campos y en otra zona los cultivos agonizan sin remedio una y otra vez y van pasando las décadas y todo sigue igual? ¿Para qué defender entonces una unidad que en la práctica no trata a todos los ciudadanos por igual ante algo tan valioso como los recursos de nuestros ríos, patrimonio de todos los españoles?
Las terribles consecuencias que una sequía prolongada provocan en nuestros campos son difícilmente comparables con otras situaciones extremas, y sin embargo las épocas de sequía se repiten una y otra vez o largo del tiempo. Si esto es así, es terriblemente sencillo deducir que es necesaria una solución definitiva que pasa por una postura clara y definida de un Gobierno central, consensuada entre la mayoría de las fuerzas políticas y lejos de las ambigüedades a las que nos tiene acostumbrados.
Nuestra percepción como agricultores alicantinos es que el agua se está utilizando como herramienta electoral desde algunos gobiernos autonómicos y desde el Gobierno central para sembrar un terreno propicio ante la posible próxima recogida de votos si, como todo parece indicar, vamos a un nuevo proceso de elecciones generales, y eso, pueden estar seguros, deja muy mal sabor de boca cuando echas una mirada a tus cultivos y los ves agonizar.
El pasado viernes, el Consejo de Ministros tampoco aprobó la exención del estudio de impacto medioambiental para la apertura de los pozos de sequía, una medida que a falta de lluvia y de trasvase, esperábamos todos los agricultores agrupados en el Sindicato Central del Acueducto Tajo-Segura como «agua de mayo». Sin este acuerdo, se hace inviable auxiliar a través de los recursos de estos pozos a toda una huerta que busca desesperadamente ayuda. Este retraso, que no tiene ningún sentido, nos deja claro otra vez el desprecio al sector agrícola de nuestros políticos, que sólo miran para nosotros durante sus campañas electorales para prometer actuaciones que nunca se cumplen.
Cerca tenemos el inicio de la campaña de primavera-verano. Los agricultores miran al cielo pero también miran la voluntad política. Sin soluciones en perspectiva, los políticos se quedarán sin votos, nuestros agricultores y sus industrias anexas se quedarán sin trabajo, nuestra balanza de pagos perderá lo que aportan nuestras exportaciones y los españoles se quedarán sin los productos de nuestra huerta.
Ahora, nuestro campo agoniza. Después de muchos meses de espera y de paciencia, ha llegado el momento de iniciar actuaciones. Exigimos desde aquí una solución. No queremos más promesas. Queremos hechos. Queremos agua, queremos ayuda y queremos soluciones. Que a nadie le quepa duda de que vamos a luchar para proteger nuestro campo y el futuro de nuestras familias.

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