La teta del Congreso

19.01.2016 | 04:10
La teta del Congreso

El pasado miércoles juraron o prometieron los nuevos y flamantes diputados en el Congreso de España. Hay infinidad de cuestiones que mi lógica no alcanza a entender, pero ya llegaremos a cuestionarlas y, si fuera posible, a entenderlas. Algunos diputados prometieron luchar por cambiar esta Constitución, vale, muy bien. Otros, y esta cuestión no alcanzo a comprenderla juraron o prometieron respetar esta Constitución y lealtad al Rey solo por imperativo legal, por la sencilla razón de que son independentistas. Con toda la ingenuidad, mezclada con ignorancia pregunto ¿es posible entrar como diputado español con el ánimo de separarte de España? Que me disculpen los doctos en estos temas, pero no alcanzo a comprenderlo. Sus motivos habrá cuando se admite y se consiente, pero no me cuadra, mis limitadas entendederas no llegan.
A pesar de las novedades, las bufandas, las rastas, las barbas, las chaquetas de lana, todo el hemiciclo giraba en torno a una teta. Fue una revolución pacífica y trascendental, como la de Copérnico cuando demostró que la Tierra giraba alrededor del Sol en lugar de viceversa. Con la gravedad habitual con que en España se toman los asuntos verdaderamente serios (las Reinas Magas, por ejemplo), buena parte de sus señorías y la casi totalidad de la prensa centraron su atención en el bebé de Carolina Bescansa. Nada más aparecer, empezaron a correr apuestas de si la madre se sacaría o no el pecho si el bebé la reclamaba.
Ante el escándalo lácteo que se montó a renglón seguido, los parlamentarios de Podemos explicaron que se trataba de algo normal (como hicieron en su día otras parlamentarias europeas e incluso Alicia Sánchez Camacho el día en que se inauguraba la pasada legislatura), un gesto que reivindica la dificultad que supone para miles de españolas el hecho de compaginar el trabajo con la maternidad. Bescansa pudo compaginarlo sin mayores problemas, hasta el punto de que en un solo día igualó la marca laboral de tantos diputados que llevan lustros sin pegar un palo al agua y ni siquiera tienen la excusa de un bebé hambriento. Algunos le reprocharon que utilizara a su hijo como medida de presión, en lugar de esperar a que cumpla seis años, como hizo Cayetana en la Cabalgata de Reyes Magos. Pero Cayetana tampoco necesitó llevar a su pequeña al Congreso de los Diputados ni un solo día durante cuatro años para demostrar que puede seguir ejerciendo de marquesa a sueldo completo.
Siempre hemos comentado que la mayoría de sus señorías acuden al Congreso a chupar de la teta de todos nosotros, teta, por cierto muy prolífica y generosa, cuando recientes diputados, ignorados y apartados como apestosos, como Gómez de la Serna, no la sueltan por nada el mundo. Pero no la de Bescansa, eso faltaba, sino la que pagamos entre todos.
Todos sabemos que era una teta reivindicativa, que el niño podía haberse quedado con su padre o abuelos sin ningún problema, pero había que reivindicar el lamentable estado en que se encuentra la mujer madre y trabajadora. No sé exactamente el porqué, ya que hoy hay bajas maternales, también para el padre, que no dejan sin amparo al bebé. Pero siempre es más saludable una teta reivindicativa que un caradura que no abandona su escaño, pero la noticia es la teta.
La reivindicación, sin embargo, también venía de parte del bebé, quien entre gruñidos, hipos y pedorretas no sólo acaparó la atención de los congresistas, no sólo se esforzó más que muchos de ellos a los largo de la anterior legislatura, sino que también proporcionó algo de qué hablar a los periodistas. De hecho, con sólo tirarse un pedo ya tenía más que decir que todas esas cuadrillas de políticos mansos que únicamente acuden a calentar su escaño cuando hay que tirar de voto. Además, los eructos del bebé no molestaban tanto como los ronquidos de algunos diputados, aunque quizá no fuesen tan discretos como el tableteo de Celia Villalobos jugando al Candy Crush. Para evitar males mayores, la policía de la Cámara ha cacheado a Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento de Madrid, y a José Manuel López, líder de Podemos de la Comunidad, no tanto para asegurarse de que no llevaran pancartas como para comprobar que no escondían más niños de pecho que pudieran alterar el solemne desarrollo del acto.
Y es que esto ya no es lo que era. De gente trajeada y encorbatada hemos pasado a ingenieros de sobrados conocimientos pero como, ya he dicho, con chaquetas de lana y con rastas. La edad de sus señorías, afortunadamente ha bajado, a ver si así cunde el ejemplo y son menos los jóvenes que con su carrera universitaria se van a Alemania a cuidar ancianos. No por los ancianos, que es muy noble dedicación, sino porque estamos perdiendo una preparadísima generación.
Espero que la teta del Congreso sea eso, una feliz anécdota y sus señorías dejen ya de chupar la teta de toda España.

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