17 de enero de 2016
17.01.2016
El ocaso de los dioses

Carolina descansa

17.01.2016 | 05:13
Carolina descansa

Si alguno o alguna de ustedes dos tenía dudas de que las cabalgatas mixtas de Reinas y Reyes Magos acaecidas este solsticio de invierno en España era lo más provocador que Podemos y sus aliados periféricos tenían pensado como espectáculo visual, como credo de principios estéticos y como consagración de una nueva ética al servicio de la diosa razón (el pueblo aquí es secundario), estaban equivocados. Nuestros emergentes de extrema izquierda tenían más sorpresas guardadas en su chistera de reyes-reinas-magos-magas. Hablamos de políticos y políticas venidos, en muchos casos, de otros partidos una vez que en ellos ya no «visualizaban» ningún futuro que les diera rédito particular (el pueblo sigue siendo secundario). De ahí que traten a la ciudadanía con tanta condescendencia –¿o es desdén?– ante el superior imperio de su razón jacobina. Y han tardado muy poco en hacerlas visibles –las sorpresas–, ahora que se ha puesto tan de moda «visibilizarnos» todos y todas porque antes padecíamos de ceguera histérica. Ya les dije hace tiempo que tras la llegada al poder de Rodríguez Zapatero el pueblo español sabría valorar su herencia con el paso de los años. Fue él quién nos invitó a la cultura de la incultura y quien nos enseñó que a partir de su reinado, gracias a la magia, todo era posible, incluso que el propio PSOE acabara haciéndose casi invisible.

Zapatero propuso y Podemos dispuso. En el caso que nos «okupa» los amigos asamblearios de la anticaspa dispusieron para el acto de constitución de las nuevas Cortes Españolas un espectáculo que el pueblo jamás olvidará, pese a que ellos y ellas ya lo tengan amortizado (es tal la velocidad que le imprimen a su propio vértigo que no pueden dejar de pedalear, de lo contrario se caerían de la bicicleta; lo malo es que nos hagan caer a todos). Este miércoles 13 de enero pasará al imaginario colectivo, a la memoria histórica de los españoles, como el día en que el pueblo se hizo mayor de edad. Por arte de una magia invisible, aunque perfectamente controlada por el mago supremo, los podemitas nos transformaron de bebés lactantes a seres adultos sin necesidad de más refuerzos vitamínicos que la propia contemplación de su obra. Alimentado por estas nuevas «Ninfas con el cuerno de la abundancia» que pintara el barroco y voluptuoso Rubens (pueden ver el cuadro en el Museo del Prado), el raquítico y viejo pueblo español salía del asilo del hambre para entrar en la guardería de la nutrición. Una suerte invertida sobre el dilema podemita de lo viejo y lo nuevo plasmado en la alegoría «Caritas romana» de Rubens (pueden ver el cuadro en el Hermitage de San Petersburgo, antiguo Palacio de Invierno de los Zares).

Pero no solo de pan vive el hombre. Lo visto y escuchado este pintoresco 13 de enero merece alguna reflexión, aunque solo fuera por visualizarles a ustedes dos lo equivocados que estaban por culpa de la Transición y de esta «Democracia de baja intensidad» que ya denunciaba Zapatero. Las marcas periféricas de Podemos se han hecho más visibles que nunca gracias a la percusión acústica previa al acto; a la oratoria desplegada durante el acto; y por la estética rebelde sin causa que han lucido antes, durante y después del acto. Una liturgia con ribetes afrodisíacos –los tres actos– para que la ciudadanía pudiera gozar virtualmente del producto.

Antes del acto, y referido a la percusión, desde la Comunidad Valenciana se desplazaba a Madrid -a bombo y platillo- la «Wind Orchestra of Valencia» (sic), que en perfecto valenciano, como su nombre indica, interpretaba la marcha mora «Chimo» (no le busquen arcanas intenciones), junto al pasodoble Amparito Roca, obligado referente de toda fiesta taurina que se precie. A la nota folclórico-anglosajona de la banda se unía la llegada en bicicleta –medio cayéndose por falta de costumbre– de Equo, otro socio de Podemos. La bicicleta se ha convertido en el transporte preferido de los políticos emergentes? el primer día; luego, ya sin cámaras, vienen en coche. Los representantes verde-podemitas querían visibilizar –palabra mágica, como habrán observado a lo largo del artículo– que el camino es todavía complicado, sobre todo si no se sabe montar en bicicleta.

Durante y después del acto, los podemitas –en compañía de otros y otras– visibilizaban su íntima unión con un cartesiano discurso del método consistente en ver quién era más cursi prometiendo (lo de jurar ya saben: juramento y mortaja del cielo baja). Así se explica que escucháramos frases tan conmovedoras como «nunca más un país sin su gente y sin sus pueblos»; «visca el Països Catalans» (creo que eso va por ustedes dos); «para poner esta Cámara al servicio del derecho a decidir de todos los pueblos del mundo». Escuchándolos entran ganas de hacer el amor con uno mismo, pero sin protección. A la vez, visibilizaban su himeneo con indumentaria y tocados peluqueros más allá del bien y del mal. Eternos. Intemporales. Toda una invitación a leer la «Ética de la razón pura» de Kant si la hubiera escrito. Voy a preguntarle a Pablo Iglesias (el otro) a ver si encuentra el incunable y lo visualizamos juntos? por el sí. Mientras tanto, con el ajetreo del Congreso y el esfuerzo realizado, Carolina descansa. No la molesten. Se lo merece.

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