Tribuna

La orfandad del socialismo

14.01.2016 | 03:58

Los que hemos pisado habitualmente las casas del pueblo socialistas sabemos que quienes controlan desde hace años «el aparato» del PSOE son contrarios a la autocrítica pública del militante (aunque luego no se rasguen las vestiduras en hacer la vida imposible a los que pretenden hacer un PSOE más democrático y empático con la ciudadanía). A riesgo de causar malestar entre ese grupo de personas que tienen la habilidad de serpentear de sillón en sillón, y elección tras elección, es evidente que hay que poner públicamente de manifiesto que el PSOE necesita un cambio y no sólo de personas.

Se habla de cambio de nombres. Es fundamental, pero indiferente si detrás no hay una idea de partido y de país definida, si al final, detrás de telón, el protagonismo lo siguen teniendo unos pocos capaces de mover los hilos de tal forma que llevan a la deriva unos ideales centenarios en beneficio de su puesto. ¿Políticos profesionales? Sí pero no. No lo serán tanto cuando un puñado de aficionados recién llegados de nuevos partidos les han superado en entusiasmo, capacidad de convencimiento y energía.

En lo que sí son profesionales en perpetuarse elección tras elección convirtiendo al PSOE en su puesto de trabajo y convirtiéndolo en un partido inmovilista a beneficio de sus intereses. Los hay que llevan 30 años chupando del bote, pero también los que se incorporaron después y no han visto trabajo alguno más allá que el que obtienen de cobijarse a la sombra del partido. Son los de las camarillas en los pasillos de los congresos, los que saltan de Europeas al Congreso pasando por las Autonómicas, y si no colándose al final como asesor en cualquier sitio. En definitiva, los culpables de tejer las telas necesarias para que nada cambie. ¿Creen ustedes que los militantes socialistas no queremos elegir a nuestros representantes en listas abiertas? ¿Creen que las bases no quieren eliminar el Senado? ¿Acabar con los sueldos indecentes? ¿Las puertas giratorias? Claro que sí, pero no nos han dejado. 

Uno no se avergüenza de ser socialista pero sí de la manera de hacer las cosas de este tipo de dirigente. Miren, si la disyuntiva es ser díscolo o borrego, opto por la discrepancia sin pedir perdón ni permiso. La autocrítica no lleva al PSOE a la autodestrucción. Lo que sí lo lleva es la absoluta falta de reflexión ante el peor resultado de la historia del PSOE elección tras elección y la desilusión, enfado y hartazgo del simpatizante que se ve huérfano de políticos que les ilusionen.

Si todo sigue igual y no cambia nada, la herida seguirá sangrando. Y pierde la sociedad que un día tuvo a un PSOE, que con sus errores y aciertos, fue una pieza fundamental en el desarrollo social de España, pero «el aparato» está dejando a los socialistas huérfanos de partido y sobrado de políticos intrascendentes. Que a ellos no les gustará leer esto es obvio. ¿Pero el aparato no se pregunta por qué millones de votantes se han cansado y han buscado otras opciones tan dispares como Ciudadanos o Podemos? ¿No se han dado cuenta que el potencial votante socialista es una persona que quiere avanzar, ser progresista, transformadora y se encuentra un PSOE enquilosado, lleno de un grupo de dirigentes incapaces de abrir las puertas ni siquiera a su militancia? Aunque no lo crean, todavía hay pesos pesados del PSOE que viven tan en su mundo, que piensan que Iglesias y Rivera han engañado a los votantes con su don de palabra, cuando es el PSOE el que se ha engañado a sí mismo intentando creer que sin un proyecto claro y sin adaptarse a la democracia interna necesaria en estos días podía ir a algún sitio. Si no se da protagonismo al militante, cómo se le va a dar al ciudadano. Pero el aparato tiene miedo de que el militante lo elija todo, porque entonces ya no habría aparato.

Las coaliciones y los pactos de gobierno tapan de momento que año tras año el PSOE pierde apoyo pero no está tan lejos el día en que esa fuerza sea tan intrascendente que no sirva de nada. Mirar al norte de España es un fiel ejemplo. A lo mejor ese aparato que quiere seguir manteniendo su sillón estará ya jubilado pero la última generación que creímos y vimos un PSOE transformador, que fue valiente, capaz de combatir con la Iglesia para aprobar la ley de matrimonio homosexual, de violencia de género o de abanderar un «No a la Guerra» de Irak nos quedaremos huérfanos de referentes. La remontada del PSOE sólo pueda venir por ahí, por una regeneración que ponga por delante las ideas a los nombres, los propósitos a los sillones y a la gente por encima del partido, pero queda mucho por hacer y es muy difícil hacerlo cuando se lucha contra un grupo de personas que ha hecho de la política su trabajo, que defiende su pan, un pan que por cierto, pagamos todos.

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