12 de enero de 2016
12.01.2016

El interesado sacrificio de Mas

12.01.2016 | 04:48

El proceso secesionista catalán, que el sábado por la mañana tenía los días contados, cobró nueva vida por la tarde gracias al sacrificio de Artur Mas de renunciar a seguir siendo presidente de la Generalitat. Con ello, asume del todo su vocación de mártir de la independencia y ve revigorizado su perfil de cara al futuro: cuando los demás fracasen, él podrá presentarse como el político generoso, patriota donde los haya, que aceptó echarse a un lado para que el procés siguiera adelante. La renuncia de Mas es la constatación de un fracaso; mejor dicho, de dos, pues ni el 27S se alcanzó mayoría suficiente para la independencia ni los partidos de la órbita secesionista han sido capaces de ponerse de acuerdo para elegir president sin violentar la voluntad de los electores catalanes.
Pero Mas consigue dejar intactas para lo venidero sus potencialidades como president „de la República o de lo que sea„ y de tutelar en la sombra la acción de gobierno de su valido, el alcalde de Girona, evitándose, de paso, todos los conflictos con la ley que acarreará a Carles Puigdemont el cumplimiento de la hoja de ruta secesionista. Otra que se las promete felices es ERC, que no se transfuguiza como la CUP y además copará importantes puestos en el Govern, ahora que el compromiso con la independencia no tiene vuelta atrás.
Además, después de aparecer ante los catalanes como el único triunfador del esperpéntico fracaso en que se ha convertido la política del seny bajo su mandato, Mas incita a Pedro Sánchez a ir contra la baronesa andaluza y negociar a las claras un pacto con Podemos e IU, ofreciéndole, sibilino, el concurso de los ocho diputados de Democràcia i Llibertat (DiL), la marca con la que CDC concurrió a las generales del pasado 20 de diciembre, para evitar un Gobierno de PP, Ciudadanos y el PSOE, que es la suma que invita a hacer el nuevo brío que ha cobrado el proceso de ruptura con España gracias a su renuncia. De esta forma, Mas, renunciante y todo, aspira a ganar territorio exportando a Madrid su conocida política de destrozos, en cuya trituradora ya cayeron antes el PSC, la extinta federación nacionalista CiU y la CUP. El político que divide todo lo que toca tiene puesta ahora su mira en el PSOE.

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