Pisando charcos

Conversando con Carmen Posadas

09.01.2016 | 03:27
Conversando con Carmen Posadas

Después de las fiestas llega la calma. Hoy en una finca de Toledo, disfrutando de un buen vino con una amiga y escritora: Carmen Posadas. Como siempre me recibe con su encantadora sonrisa y esa elegancia que desprende. Con sus leggings negros con raya de color naranja conjuntando con un polo del mismo tono anaranjado y suéter negro sobre él. Va a la última con ese cuerpo que parece que por ella no pasen los años.

Luce un sol espléndido, bajo sus rayos las mujeres nos lanzamos a la reconquista de ponernos al día de la carrera literaria y de las novedades de los trabajos y proyectos y como no, de los últimos cotilleos. Carmen me hace reír porque siempre dice que tiene la gran suerte de vivir del cuento. Se describe así misma como una persona muy individualista y que por esa razón no puede trabajar para nadie porque no le gusta mandar ni que le manden. Siempre soñó con ser escritora o taxista. Ya les digo yo, que taxista no porque tiene su chófer y hoy estaba en su casa de Madrid. De modo que nos quedamos con la gran escritora que es y fue premio Planeta, entre otros de reconocido prestigio. Y seguimos con el aperitivo.

¡Qué bueno este queso! Nos rellenan las copas de vino.

Después de tantas experiencias y de mucha obra escrita que la ha llevado a la fama, lo que no sabe nadie es que está recluida desde hace unos días en este tranquilo lugar, rodeado de naturaleza, escribiendo su próxima novela que trata sobre la historia de un personaje muy sorprendente, la Duquesa de Alba de Goya. Como no podía tener hijos, en pleno siglo XVIII adoptó a una niña negra.

Pasan los canapés. Usted primero, le digo a Carmen. Nos miramos con complicidad y nos reímos porque ese es el título del libro que acaba de publicar con la periodista Marta Robles.

Nos vuelven a servir otra copa de vino y la conversación va cogiendo tono y alegría. Carmen Posadas y Marta Robles son dos inseparables amigas, van juntas a todas partes, pero como toda amistad, nada es perfecto. Estamos riendo a carcajadas recordando anécdotas. Carmen relata la única vez que has discutido, fue por una falda, o dos. Un día de los que fueron a hacer juntas una entrevista, de las que te visten desde estilismo, había una falda negra que a las dos les gustaba, se pelearon hasta conseguirla una de ellas. Así somos las mujeres, no discutimos por los novios, pero por un trapo somos capaces de sacar el samurai. ¿Quién gano la batalla? Marta. Estas dos mujeres son grandes compañeras de risas. Carmen me cuenta que a las dos les encanta un libro muy peculiar: The debrett's. Está lleno de sentido común. Trata desde los buenos modales hasta como quitarte un novio pesado de encima. ¿Pero a los hombres hay que aprender a descodificarlos? Sí, hay que saber interpretar lo que quieren decir cuando dicen una cosa o cuando dicen otra. Por esa razón se pusieron a escribir Usted Primero, Robles y Posadas, inspiradas en las relaciones humanas en general y cómo comportarse en especial. En el libro nos hablan de sexo, de política, internet.

Carmen dice que todo está hecho a base de las meteduras de pata de las dos escritoras. Pienso que tiene razón con lo que dice, todos metemos la pata, yo misma, el jueves pasado descubrí haberla metido. Hace poco, un conde español, cuyo nombre no puedo decir, pero daré la pista de que lo tenemos cerca de Alicante, tenía que dar un discurso durante una ceremonia que se celebraba en un elegantísimo castillo del siglo XV, creo que en Escocia, que con tanto vino me cuesta ejercitar la memoria. Imaginen la situación: todos los aristócratas españoles, con trajes largos las señoras y esmoquin los hombres. La verdad que son aristócratas y algunos un poco brutos a la hora de expresarse, no saben decir nada. El conde en cuestión, muy amigo de Carmen, se había preparado un discurso excepcional y brilló como nadie hasta que, al final, cuando todo estaba dicho, tenía que decir «Dios salve a la reina» y en vez de eso dijo: Dios afeite a la reina. Estas cosas pasan, sobretodo cuando no se tiene idea de inglés y te preparan un escrito precioso. A la hora de improvisar, todo se sabe. El discurso se vino abajo.

Todos metemos la pata pero hay que saber de trucos. Y eso es lo que Carmen junto a Marta se han propuesto que aprendamos. Lo que desconocen muchos es que las personas mandamos mensajes subliminales constantemente. Lo hacemos en la forma de vestir, de decir las cosas, en los gestos. Se trata de descodificar esos mensajes para ser atractivo o no, tener éxito o no, enamorarte o no- ¿Sabes Carmen? Empieza a gustarme esto de las reglas no escritas.

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