05 de enero de 2016
05.01.2016

El tráfico rodado y la contaminación

05.01.2016 | 04:51
El tráfico rodado y la contaminación

En estos momentos, en que proliferan las caravanas promocionales de las Smart Cities (Ciudades Inteligentes) ofertando el futuro maravilloso que nos espera si entramos en el juego, quizá convenga citar al urbanista Adam Greenfield que en su libro Against the Smart City (Contra la ciudad inteligente, 2013) apostilla que: «El problema radica en que esta nueva visión (la de las Smart Cities) no ha sido elaborada por un partido político, grupo o individuo reconocido por sus contribuciones a la teoría o a la práctica de la planificación urbana, sino por gigantes de la tecnología como IBM, Cisco y Software AG, con la esperanza de beneficiarse de importantes contratos municipales».

Las ofertas que se incluyen bajo el paraguas de las Smart Cities son múltiples y la proliferación de jornadas, congresos, seminarios y conferencias sobre el tema han relegado la atención sobre otros problemas, tal es el caso de los que genera el tráfico de vehículos: la contaminación y la congestión.

El tráfico rodado tiene una consecuencia inmediata que es la contaminación atmosférica, con la emisión de contaminantes como el monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles y material particulado; a estas emisiones directas del motor, hay que añadir las derivadas del desgaste de los frenos y los neumáticos así como la erosión del pavimento y la emisión de partículas de material depositado en la calzada.

Otro tipo de contaminación, cuyo origen está en los vehículos a motor, es la acústica. Indudablemente el ruido es un sonido no deseado, o nocivo, y la principal fuente de ruido ambiental a la que se ve sometida la población procede del tráfico rodado. Según señalan contrastados estudios, el tráfico de vehículos genera el 78% de la exposición al ruido en las ciudades, mientras que la industria viene a representar un 12%, los ferrocarriles un 5% y el resto de actividades otro 5%.

Parte del ruido del tráfico rodado procede de los motores de los vehículos, pero otra parte corresponde a la fricción de la rodadura, tal es así que, por encima de los 60 km/hora, el ruido del rozamiento es superior al del motor; además, los cláxones, las sirenas, los derrapes, los frenazos, los acelerones y los cambios de velocidad completan esta molesta sinfonía, que puede agravarse en caso de que el piso sea rugoso.

En Alicante tenemos un eje viario paradigmático, en materia de contaminación, que es el que discurre por el itinerario avenida de Juan Bautista Lafora-avenida Conde de Vallellano–Avenida de Loring , en el frente marítimo. La que debiera ser una zona emblemática, con la Explanada y el Parque de Canalejas, tiene una barrera permanente de tráfico rodado para su acceso al Puerto y a la playa del Postiguet, con una IMD (número medio de vehículos que circulan diariamente) de las más altas de la ciudad.

Durante muchos años se ha ignorado, y parece que se sigue ignorando, el problema que representa la intensidad del tráfico en la primera línea de la ciudad, sin dar soluciones reales al respecto; así, se ha diseñado una Gran Vía que ha resultado a todas luces insuficiente para solucionar el problema y otros proyectos, como el de la Vía Parque o el Acceso Sur, siguen sin ser ejecutados. En Alicante, según el PMUS, los desplazamientos en 2013 se distribuían de la forma siguiente: el 45% en transporte privado, el 41% a pie, el 2% en bicicleta y el 12% en transporte público colectivo. En este escenario, el hecho de que el 57% de la movilidad se realiza en modos de transporte motorizado, que implican tráfico rodado, es más grave, si tenemos en cuenta el bajo nivel de uso del transporte público.

Muchas ciudades europeas han efectuado una apuesta firme por la calidad de vida de sus vecinos, tomando medidas de calmado de tráfico y procediendo a la peatonalización de zonas amplias de sus núcleos urbanos, limitando el acceso a los centros únicamente a los vehículos de residentes, de transporte público o a formas de transporte no contaminante (bicicleta, vehículos eléctricos,?). Este tipo de medidas, que suelen tener el rechazo inicial de una parte de la población, a medio y largo plazo suelen gozar de una aprobación generalizada por parte de los ciudadanos.

Estas actuaciones orientadas a la disminución, o cuando menos al calmado, del tráfico rodado tienen costes económicos y políticos a corto plazo; la cuestión es conocer en qué línea están nuestros gobernantes, ahora que hemos pasado las enésimas elecciones, y si tienen alguna idea al respecto, dado que a medida que avance la legislatura, la experiencia nos dice que la audacia de los políticos tiende a decrecer.

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