Pisando charcos

Los años vuelan

04.01.2016 | 14:16
Los años vuelan

A punto de comenzar el nuevo año, el emblemático reloj de la Puerta del Sol está preparado para dar las doce campanadas mientras Europa tiembla con alerta cuatro ante la amenaza de atentados terroristas en algunas de sus capitales. En la Puerta del Sol, como el año anterior, el alcohol, el champán, las uvas, el confeti y las serpentinas forman parte de la cuenta atrás para dar la bienvenida al año nuevo con fuertes dispositivos de seguridad. Así comienza el nuevo año, con violencia.

Dejamos aparte este tema porque hoy no quiero hablar de dolor solo de cambios.

Todos los años, cuando dan las uvas hago un recuento de lo que ha acontecido en el que se va y lo que espero del nuevo que viene, proyectos, ilusiones, propósitos...

Son las mismas doce campanadas cada doce meses, el mismo reloj, pero todo cambia, el tiempo avanza, las circunstancias son diferentes. Cuando eras niño o niña, que ahora se ha puesto de moda aquello de citar a los dos géneros, tus padres se reunían con los amigos a comer y pasaban la tarde entera sentados alrededor de una mesa, la sobremesa con tertulia, copas y partida de cartas duraba horas y horas mientras los niños nos partíamos las piernas jugando, corriendo y disfrutando de la tarde, todo valía menos estar sentados. No entendíamos como los mayores no se aburrían de estar sobre una silla como una ventosa sin moverse más que para salir al baño. Los años parecían no pasar, no nos veíamos crecer y cuando nuestros abuelos nos decían que los años pasan volando no entendíamos, aquellas palabras no formaban parte de nuestro idioma. Esa vitalidad imparable que no valorábamos lo importante que era, ahora más de uno quisiera recuperar la energía de esa niñez y ha encontrado explicación a lo que hacían sus padres porque la historia se repite. Hay que ver lo que nos cuesta subir y bajar escaleras. Cuando eras adolescente, querías aparentar más años para entrar a las discotecas, todo era echarte años encima y soñar con los dieciocho para ser mayor de edad, tu independencia, tu carnet de conducir y entrar y salir de casa sin dar explicaciones a los padres. Todo estupendo hasta que cumples los dieciocho y de pronto te das cuenta de que las discotecas no son tan importantes como pensabas, disfrutas más de una tarde de fiesta con los amigos. Las entradas y salidas de tu casa no cambian al cumplir los dieciocho, siguen mandando tus padres. El carnet de conducir, es una ruina, solo te sirve para que te den disgustos, multas y que te toque cargar con la culpa de todo lo que hagas. Entonces, te das cuenta de que tenías menos responsabilidades y vivías más cómodamente hasta los diecisiete y no lo valorabas. Los años ya no pasan tan lentos como antes, en la niñez.

Cuando entras en la universidad, haces una oposición o cualquier otro estudio, sueñas y anhelas terminar cuanto antes, tener tiempo libre y disfrutar con un buen trabajo, ganar lo suficiente para comprar un buen coche y una casa. Vives cómodamente mientras cursas tus estudios, mantenido y atendido por tus padres, a cuerpo de rey. Cuando finalizas, te das cuenta de que los años ya empiezan a ir a otro ritmo, con más rapidez, los ves pasar, los sientes. Con tu preparación académica en el bolsillo o tu oposición aprobada en mano, tomas posesión de tu puesto de trabajo dispuesto a hacer fortuna y comerte el mundo. No importan las horas de trabajo, no importa el esfuerzo, todo se hará por hacer fortuna, tener una buena economía. Si las cosas te van bien, te compras un cochazo, una casona pero quieres más y más por lo que no te queda tiempo más que para trabajar. La ambición, la pasión y la ilusión son tu fuerza, el motor que te pasa de los treinta a los cincuenta sin enterarte de que has pasado por los treinta. Aquí los años ya no corren, vuelan.

Pasas de los cincuenta y los años parecen meses, sientes como envejeces, todo lo que valorabas y ambicionabas tanto ya no es lo que deseas, estás en otro nivel, valoras otras cosas. Lo económico ya no es tan importante, ahora buscas felicidad, tranquilidad. Te das cuenta que aquel auto de alta gama ya no te apetece conducirlo sin cansarte, a la casa solo le pides calor de hogar, cariño de familia. Ya no te apetece luchar con la ambición del más y más, solo quieres estar en la rueda de la subsistencia económica prevaleciendo tu bienestar, el de los tuyos y disfrutar de viajes y vivir disfrutando del tiempo que no pudiste tener y dedicarlo a los tuyos y a ti. ¡Te lo mereces! Has aprendido a dosificarte, han cambiado los valores.

A partir de los sesenta todo da un nuevo giro, los años parecen días, pensamos en hacer testamento, queremos estar tranquilos asegurando el futuro de nuestros hijos. Nos jubilamos, necesitamos disfrutar de la vida. Solo dos palabras son importantes: paz y tranquilidad.

Cada nuevo año es un nuevo ejercicio, cuentas, ganancias, pérdidas. Es un estado de cambios, un momento idóneo para poner en valor todo lo que tenemos y no esperar a perderlo para valorarlo. ¿Todo lo vivido ha merecido la pena? ¡Feliz año nuevo!

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