Tribuna

Año bisiesto, año siniestro

31.12.2015 | 05:24
Año bisiesto, año siniestro

Los diversos episodios que a lo largo de los siglos han marcado con mal recuerdo el 29 de febrero cubren de mal agüero ese día, con un pensamiento fatalista que tiene sus orígenes en la cultura romana

2016 es año bisiesto y hay un dicho popular que sentencia: «Año bisiesto, año siniestro», atribuyendo muchas desgracias y tragedias ocurridas a lo largo de la historia a la llegada de este «fatídico» día, sin dejar cabida a la mera coincidencia. Es cierto que son muchas las catástrofes que han sucedido en año bisiesto como, por ejemplo en el siglo XX, el hundimiento del Titanic en 1912, el estallido de la Guerra Civil española en 1936; las cuatro huelgas generales más grandes de España ocurrieron en los años 1916, 1936, 1976 y 1988, que son bisiesto; también es bisiesto 1960, en el que un terremoto asola la ciudad de Agadir, en Marruecos; 1976 cuando sucede el golpe de Estado en Argentina, con sus funestas consecuencias; y 1980 con el estallido del conflicto armado entre Irán e Irak. Además, murieron asesinados en año bisiesto Mahatma Gandhi, 1948; Robert Kennedy y Luther King, 1968; Lennon, 1980; Indira Gandhi, 1984. Al margen de todos los hechos que a través del tiempo se han suscitado justo en esta fecha, no existe ningún tipo de prueba que indique que sean atribuibles al año bisiesto y a tantos sucesos negativos acaecidos en año bisiesto se podrían contraponer otros positivos, pero la cuenta de los diversos episodios que a lo largo de los siglos han marcado con mal recuerdo el 29 de febrero cubre de mal agüero ese día, con un pensamiento fatalista que tiene sus orígenes en la cultura romana, en la que febrero, mes de las purificaciones según su tradición, era también el mes del dolor y de los muertos.

El calendario que los romanos utilizaban en los primeros tiempos era un calendario lunisolar que tenía 10 meses de 36 días cada uno, más 5 días de festejos que se añadían al finalizar el año. La relación de los meses es esta: Martius: primer mes del año, y lo nombraron así en honor de Marte, dios de la guerra. Aprilis: los romanos dieron al segundo mes el nombre de abril, derivado de aperire (abrir), probablemente porque es la estación en la que empiezan a abrirse las flores. Maius: era el tercer mes en el antiguo calendario romano y debe su nombre a Maia, la diosa romana de la primavera y los cultivos. Iunius: el cuarto mes en el antiguo calendario romano. Diferentes estudios derivan el nombre de la diosa romana Juno, la diosa del matrimonio. Quintilis: era el quinto mes del año en el calendario romano primitivo y por eso se llamó así. Sextilis: sexto mes del calendario romano, que comenzaba en marzo. September: era el séptimo mes del calendario romano y toma su nombre de la palabra latina septem, siete. October: octavo mes del antiguo calendario romano, como su nombre pone de manifiesto. November: el noveno mes del año. December: el décimo mes en el primitivo calendario romano.

Sin embargo en tiempos del rey Numa Pompilio (715-673 a. C.), que fue el segundo monarca de Roma, ya que reinó después de Rómulo, se llevó a cabo una reforma en el calendario de manera que pasó a tener 12 meses de 30 o 31 días cada uno, incorporando al final del año dos meses más: Ianuarius (enero), en honor del dios Jano, protector de Roma, y Februarius (febrero), mes de la purificación. Así los meses impares tendrían 31 días y los pares tendrían 30. Febrero, que era el último mes, se quedaría solo con 29 días para obtener los 365 días que tiene el año, aunque la cifra correcta es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,16 segundos.

En el año 154 a. C., para poder preparar debidamente la campaña de las guerras celtibéricas y contra Numancia, el Senado estableció que el año no comenzara con las idus de marzo, el día 15, sino en las kalendas de enero, el día 1, aunque manteniendo los nombres de los meses. De esa forma, la operación militar se podía desarrollar a principios de verano, si no los preparativos habrían demorado la maquinaria bélica hasta el invierno. Y los romanos sabían bien lo cruda que es esta época del año en aquellas tierras peninsulares. Kalendas (que daría origen a la palabra «calendario») era el primer día de cada mes porque calare significa en latín «llamar» y ese día se voceaba en las ciudades el inicio del mes. Omito más referencias pues el sistema de datación romano es bastante complejo.

Transcurría el año 49 a. C., cuando Julio César llegó a Egipto, reino de Cleopatra, donde las evidencias históricas más antiguas indican que fue creado el primer calendario solar a principios del tercer milenio a. C., surgido por la necesidad de predecir con exactitud el momento del inicio de la crecida del Nilo, que tiene una periodicidad anual, acontecimiento fundamental en una sociedad que vivía de la agricultura. Admirado por los conocimientos egipcios y ante el desfase acumulado de cerca de tres meses al que había llegado el calendario romano, Julio César encargó la elaboración de uno nuevo a Sosígenes, astrónomo de Alejandría. Sosígenes entregó su calendario entre el 48 y el 46 a. C., basado principalmente en el calendario egipcio de 365 días, pero conservando los nombres de los meses romanos. Para compensar el desfase natural producido por la rotación no sincrónica de la Tierra en torno al Sol se acordó que cada cuatro años se contarían 366 días. Estos años se llamarían «años bisiestos», porque en ellos añadían un 24 de febrero. Según su cómputo del tiempo, el 24 de febrero se llamaba «día sexto» antes de las kalendas de marzo (ante diem sextum kalendas martias), de manera que el 24 de febrero repetido se llamaría bis sextum (de ahí la palabra «bisiesto»). Con la reforma del calendario establecida en 1580 por el papa Gregorio XIII este día extra se colocó al final de mes (29 de febrero), aunque el nombre de bisiesto se conservó.

Además, tras el asesinato de Julio César el 44 a. C., el mes Quintilis, que era el de su nacimiento, recibió el nombre de «Julio» en su honor. Y el año 23 a. C. el Senado romano, para halagar la vanidad de Octavio Augusto, primer emperador, renombró el mes Sextilis como «Augustus» (agosto en castellano). Sin embargo, este mes sólo tenía 30 días (a diferencia de los 31 que tenía julio) y esto suponía cierta inferioridad, por lo que le añadieron un día y se lo quitaron al último mes, febrero, pasando así a tener éste solamente 28 días, mientras los otros 11 muestran una alternancia entre 30 y 31, haciendo que septiembre tuviese 30 días, octubre 31, noviembre 30 y diciembre 31.

Volviendo al principio: «Año bisiesto, año siniestro», siniestro en el diccionario significa «perverso, que está hecho con mala intención. Que es desgraciado o está causado por la mala suerte. Avieso y mal intencionado. Infeliz, funesto. Propensión o inclinación a lo malo. Avería grave, destrucción o pérdida importante que sufren las personas o la propiedad. Que está en el lado izquierdo?». Ojalá que en este bisiesto 2016 sea posible la gobernabilidad de España sin sobresaltos, con cordura y por encima de todo presagio funesto y mal intencionado.

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