Alicante y sus planes (una sinfonía inconclusa)

04.01.2016 | 14:16
Alicante y sus planes (una sinfonía inconclusa)

Alicante viene experimentando desde que comenzó a formar parte de la Comunidad Valenciana un deterioro progresivo (lógicamente relativo), alcanzando en los últimos años cotas alarmantes, con unas tasas de paro insoportable, ignorando hasta qué punto la economía sumergida de nuestra provincia puede seguir soportando esta situación laboral.
Efectuando un análisis simplista, podría decirse que nuestra decadencia tiene al menos dos orígenes incuestionables para nosotros. El más llamativo y evidente es sin duda alguna, su pésima financiación económica estatal y autonómica.
Sin embargo, no podemos dejar de lado el que tiene su origen en los aspectos sociológicos que impregnan nuestra vida cotidiana, mucho más sutil, pero posiblemente más peligroso y preocupante. La Universidad y su endogamia incontrolada, una educación ciudadana cada día más degradada, una minusvaloración de la ética pública y privada origen de corruptelas de todo tipo en grandes y pequeños (sí, también de los pequeños), unas productividades en funcionarios y no-funcionarios claramente mejorables, etcétera, también tienen que ver y mucho con nuestra decadencia.
No obstante, personas más cualificadas que nosotros, centran nuestra decadencia en la falta de un modelo provincial y un Plan Estratégico que, liderado por la capital, nos indique cuál debe ser el camino que nos permita abandonarla.
Ya se han elaborado en Alicante varios planes estratégicos con análisis y modelos provinciales, que están llenándose de polvo en los archivos. ¿Saben ustedes por qué? Simplemente porque ninguno de ellos decía el cómo y de qué manera teníamos que desarrollarlos, y más importante, porque ignoraban olímpicamente establecer dónde se encuentran los recursos que hay que movilizar para alcanzar las metas que se buscan.
Y si quieren una razón más, porque se olvidó también el interés real de los empresarios y de los ciudadanos de a pie, que necesitan y buscan desesperadamente las riquezas y los puestos de trabajo que prometen crear; y que al día de hoy la mayoría de las veces no encuentran y si los encuentran, son de una calidad insultante.
El profesor don Andrés Pedreño, de reconocido prestigio, ya nos advierte que cualquier plan ha de ser realista y sensato, que podamos permitírnoslo, ajeno a las utopías con las que habitualmente se suelen elaborar los mismos para que no queden en aguas de borrajas, tal como han quedado todos los planes hasta el presente elaborados.
Y para que nos lo podamos permitir, los que hagan el plan tendrán que dejar de lado a esos chamanes aficionados, que están demonizando la construcción al socaire de la maldita burbuja inmobiliaria y tendrán que tenerla presente. El sector de la construcción sensatamente desarrollado es capaz de movilizar la economía y crear puestos de trabajo muy rápidamente, dando tiempo al tiempo necesario que se demande, para poner en marcha los sectores complementarios contemplados en el plan, otro de los cuales siguiendo una vez más al profesor Pedreño, tendrá que ser se quiera o no, la informática y otras actividades profesionales. Y nosotros no podemos por menos que romper una lanza por nuestra agricultura, muy olvidada por todos, si de una puñetera vez esta España tan cainita y con tanta frecuencia miserable, asume con sensatez, que el agua tiene que ir donde se necesite y aporte el mayor beneficio a todos los españoles, con todos los trasvases que sean necesarios, le pese a quien le pese: rojos, blancos o grises (por no decir valencianos, manchegos y aragoneses).
Existe otro aspecto nada despreciable, relacionado con la burocracia y las personas que tienen que llevar a buen puerto cualquier plan que se elabore, sea éste estratégico, urbanístico, sanitario, plan sobre la enseñanza, etcétera, y sobre todo y especialmente, si es de la naturaleza del que necesitamos, asumiendo incluso optimistamente (lo cual sería milagroso) que seamos capaces de hacerlo poniéndonos todos de acuerdo. Este último aspecto mencionado sobre los planes también se olvida o se da por supuesto que la Administración ya dispone de una burocracia optimizada y posee el personal adecuado con sus funcionarios para desarrollarlos; y nos tememos mucho que aquí también reside otro talón de Aquiles de nuestros utópicos planes, más serio de lo que en principio puede parecernos.
Ningún plan puede funcionar por sí solo, todos exigen en su gestión y desarrollo, personas capaces y eficaces que, siguiendo unas ciertas normas y burocracia, lo materialicen día a día; y que según cómo se apliquen y sean estas normas, el desarrollo del cualquier plan puede marchar bien, regular o ser un auténtico fracaso.
Nos llama poderosamente la atención que ninguno de los partidos políticos que aterrizan en los ayuntamientos no se les ocurra hacer una auditoría externa de la burocracia con la que se rigen los mismos y con qué eficacia la manejan los funcionarios existentes.
Veamos algunas cuestiones que clarifican por donde van nuestras preocupaciones, tomando como ejemplo el Ayuntamiento de la capital. ¿Se ha parado el tripartito a analizar lo que cuesta en el Ayuntamiento obtener una licencia de obra siguiendo los protocolos heredados del anterior gobierno? ¿Sabe el tripartito que hay que presentar los proyectos en papel y en soporte digital y todo ello en la era de la informática, consumiendo más materiales, tiempo y dinero que en los periodos anteriores donde ésta no existía? ¿Sabe el tripartito que según los protocolo heredados del anterior gobierno, el cambio de una simple hoja de un proyecto entregado, asumiendo incluso que tuviese un error importante y no una nimiedad de criterio como sucede infinidad de veces, exige entregar de nuevo todo el proyecto, nos han leído bien, íntegramente el Proyecto completo en papel, con el soporte digital incluido en el formato insufrible ya mencionado?
Y no puede echarse en saco roto que los planes dependen de las personas.
¿Están nuestros funcionarios y servidores públicos lo suficientemente motivados económicamente para que trabajando con ilusión, ganas y sentido común, sean capaces de poner en juego los servicios y gestiones necesarias como los que necesitan los planes estratégicos? ¿Pueden funcionar las cosas con una inercia mejorable? ¿Tienen libertad creativa nuestros funcionarios, o por el contrario se encuentran sometidos a los caprichos de los chamanes de turno?
¿Tienen nuestros funcionarios un seguro que les cubra los errores que puedan cometer para que su actividad no se vea condicionada por no tenerlo?
¿Cuáles tendrían que ser los tiempos de respuestas razonables para los trabajos que se tienen que prestar? ¿Los sabe alguien? En la actualidad esos tiempos no figuran definidos en ninguna parte, ni existe responsabilidad alguna en los organismos que sepamos en su cumplimiento.
Pero de una forma u otra, alguien tendrá que ponerle el cascabel al gato, y más vale que lo haga cuanto antes por la cuenta que nos trae a todos.

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