Israel-Palestina: la vida sigue igual

29.12.2015 | 04:42

Hace unas semanas, recordábamos el 68 aniversario de un acontecimiento que ha marcado la historia de Oriente Próximo de manera decisiva. El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU votó a favor de una resolución en la que se aprobó el plan de partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe recomendado por la mayoría del Comité Especial de la ONU sobre Palestina (Unscop). Un total de 33 Estados votó a favor de la resolución, 13 votaron en contra y 10 se abstuvieron. Fue una resolución histórica, expresión de la opinión de la mayoría de los Estados de las Naciones Unidas en aquel momento. El principio que se estableció era bien claro: dos Estados para dos pueblos. Los árabes tenían que aceptar y convivir con la resolución del mismo modo que los israelíes. Debido al rechazo de los árabes de la misma y a la luz de su decisión de luchar contra su implementación, la resolución no ha tenido ninguna validez salvo por el simbolismo histórico de su contenido. Desde ese momento hasta la actualidad, varias guerras e intifadas. Pero sobre todo, los mecanismos de negociación establecidos por la Resolución de la ONU 242 (1967) después de la guerra de los Seis Días, los acuerdos de Camp David (1979) y los acuerdos de Oslo (1993-1999) no se han completado y ninguna solución definitiva ha sido acordada aún al conflicto. ¿Cuál es la situación actual?
La impresión general es que el conflicto palestino-israelí se ha olvidado y extraviado. Olvidado, porque los frentes abiertos en el campo internacional, en estos momentos, son muchos y más candentes. Y, extraviado, porque en el fondo nadie sabe donde está. Y, probablemente a nadie le interesa buscar una solución. Las grandes potencias aceptan pasivamente que se trata de un problema cíclico. Mientras los niveles de violencia se mantengan en una cota aceptable y tolerable todo el mundo lamentablemente convive con este conflicto. Incluso las opiniones públicas manifiestan un cierto cansancio ante esta historia interminable. Esta saturación conlleva indiferencia. Así de crudo. 
La esperanza suscitada por la elección del presidente Obama se ha ido también desvaneciendo poco a poco hasta convertirse en una gran decepción. Para la coalición actual que gobierna en Israel, fruto de las últimas elecciones, las relaciones con los palestinos solamente se plantean desde el punto de vista de la seguridad. Por otro lado, el Gobierno palestino difícilmente controla las acciones violentas de una población harta de la ocupación. Y, además con unas elecciones legislativas y presidenciales estancadas y prorrogadas sine die por miedo a una posible victoria de Hamas.
Mientras tanto, la vida cotidiana de los protagonistas, israelíes y palestinos, se ha deteriorado, aumentando el nivel de violencia y desconfianza. Diariamente, la llamada intifada „desde el 1 de octubre„ de las redes sociales, de los cuchillos y atropellos, genera víctimas por ambos lados. La agresión con arma blanca por parte de los palestinos es repelida con armas de fuego por el lado israelí. La cifra de víctimas es importante. Más abultada del lado palestino. Una vez más, ambas economías se resienten. Y la vida no sigue igual, como dice la canción, sino peor. La esperanza de reanudarse las conversaciones es débil, pero? quién sabe.

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