Estadistas o políticos

29.12.2015 | 04:42
Estadistas o políticos

Tras las elecciones generales del día 20 de diciembre, los españoles, con nuestro voto, hemos configurado un panorama político inquietante. Muchas veces la propia democracia puede hacer que se produzcan situaciones de ingobernabilidad como la que tenemos en estos momentos en España. El resultado de las elecciones del 20-D deja a España sumida en un mar de incertidumbres.  España ha hablado pero no ha quedado nada claro. Todo lo contrario, se avecinan tiempos de incertidumbre, de falta de confianza de los mercados y de quizás, nuevas elecciones. El resultado de las elecciones generales del 20 de diciembre ha sido el siguiente: PP (123) y PSOE (90) logran mantenerse en los dos primeros puestos del hemiciclo pero ambos sufren un importante desplome en votos y escaños. Los «populares» pierden 64 escaños y los socialistas 20. Podemos y Ciudadanos se estrenan con 69 y 40 diputados, respectivamente. ¿Qué pasa ahora?
Con estos datos la gobernabilidad se prevé extremadamente compleja, pues ni Ciudadanos más PP ni Podemos más PSOE llegarían a la mayoría absoluta. De ahí que surjan quinielas con posibles combinaciones para formar Gobierno.
El vicesecretario general de Comunicación del PP, Pablo Casado, ha afirmado hoy que su partido «sabe llegar a acuerdos». Sin embargo, la duda está con quién ya que las posibles sumas le dejarían lejos aún de la mayoría absoluta, a menos que el pacto fuera con el PSOE.
No vamos a insistir demasiado en lo que ya se sabía: que las elecciones del 20D consagrarían en España el fin de la vertebración bipartidista.
Es cierto que los dos partidos del bloque histórico post-franquista, PP y PSOE, conservan –sumando la cantidad de escaños que obtuvieron en conjunto– la mayoría absoluta (123 y 90 respectivamente). Pero aun en el caso de que ambos decidieran armar un compromiso histórico a la española –lo que en el papel se ve fácil pero en la realidad muy difícil– abrirían un enorme espacio para el crecimiento de los de por sí no muy pequeños «partidos emergentes» los que han dejado hace rato de ser emergentes. Hay que repetir entonces la ya manida frase: los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos llegaron para quedarse.
Realicen o no PP y PSOE un pacto de gobierno, este aparecerá siempre como lo que será: una simple unión en defensa de un pasado que al ser pasado ya no existe. Bien para los conservadores, mal para los socialistas quienes perderían así el último gramo de identidad que les resta: el de ser «la izquierda» frente a «la derecha». Desde ahora en adelante, si PSOE no decide unir su mala suerte con el PP, deberá compartir el lugar tradicional de la izquierda con Podemos. Les guste o no. Lo más seguro es que no les guste. En términos generales, si dejamos al lado cifras nominales, el resultado de las elecciones muestra a tres grandes perdedores –PP, PSOE y Ciudadanos– y un solo gran ganador, Podemos.
Es la hora de que los políticos se aparten y dejen paso a los estadistas, si queda alguno. Muchas veces hemos comentado aquella famosa reflexión de James Freeman Clark, según la cual la diferencia entre un político y un estadista es que el político piensa en las próximas elecciones y el estadista en las próximas generaciones. Tal vez el problema de España es que tenemos una generación de políticos en estado puro, entre los cuales no hay apenas estadistas, hombres de Estado que se eleven un poco por encima de las pequeñas miserias partidistas, que dejen de enredarse en lo cotidiano para pensar en el medio y largo plazo. Si tuviéramos estadistas no nos veríamos como nos vemos, atrapados en esta situación de bloqueo que ha provocado el resultado de las urnas.
Hay politiquillos del montón, políticos profesionales más preocupados en guardar su sillón que en preservar el bienestar de quienes han depositado en ellos su confianza. Ya no sabemos quién dice la verdad y quién miente cuando se tiran los trastos a la cabeza, cuando enarbolan continuamente el y «tú más», cuando Gobierno y oposición manosean la palabra consenso hasta dejarla vacía de contenido. Necesitaríamos hombres y mujeres de Estado, estadistas que piensen en las próximas generaciones, pero solo tenemos políticos del día a día, de usar y tirar que no nos sirven de referentes porque su único horizonte son las próximas elecciones y así no hay manera. Estamos atrapados en el laberinto de la fatuidad.

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