Miguel Góngora, una vida entregada

26.12.2015 | 01:58
Miguel Góngora, una vida entregada

Miguel, presidente y fundador de ADECOP, entidad intermediaria en adopción internacional, nos ha dejado hace unos días merced a una enfermedad que le fue asediando sin tregua en los últimos años. Hasta aquí una necrológica sobre un ser querido, pero no es mi objetivo compartir mi pena con vosotros, sino contaros una historia que nos haga sonreír orillando los lamentos, haciendo que su ejemplo nos guíe.

Conocí a Miguel a finales de la década de los 80 por razones de trabajo cuando él dirigía una asesoría fiscal y yo trabajaba en la Agencia Tributaria. Nuestros vínculos se elevaron de nivel cuando me trasladó que había adoptado niño y niña en Colombia y yo le dije que había adoptado en España. Me narró el infierno que había pasado, sin ayuda estatal, sin nadie que les aconsejara a Carmen y a él, pero al final y tras muchos papeles, colas y sufrimientos, emprendieron el viaje de vuelta a un hogar que multiplicó por dos sus miembros.

En los meses siguientes empezó a barruntar que su experiencia le tenía que servir a otras parejas que acudían a la adopción internacional ante la falta de niños adoptables en España y carecían de ayuda de nuestras instituciones, y ahí nació la semilla de ADECOP. Necesitaría una edición completa para explicar obstáculos, zancadillas, sospechas sobre el afán lucrativo de la asociación, y en particular de sus miembros, y mil andanadas más, pero al final, tras múltiples encuentros y desencuentros, el Consell autorizó nuestra labor de mediación, y en honor a la verdad debo decir que nuestro gobierno autonómico ha sido modélico en el apoyo a las parejas que no tenían más remedio que acudir a países lejanos para satisfacer su ansiedad de ser padres, vía subvenciones, idoneidades y apoyo de profesionales.

Autorizados ya por la Generalitat, nos dirigimos al punto de partida, Colombia, primer enclave en el mundo en respetar los derechos del menor en términos de la Convención de La Haya, aterrizando en Santa Fe de Bogotá donde nos quedamos casi sin respiración por la altura; nos dieron cita con el ICBF, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, sin duda la mejor institución en el mundo de tutela a los niños desprotegidos. Allí pasamos varios polígrafos sobre nuestras intenciones, aprobamos con nota y a partir de ahí, formalizamos convenio con NUTRIR, ONG colombiana, para que, de un lado, fueran nuestros representantes ante el ICBF en temas de adopción de familias valencianas, y segundo, para encarrilar a través de ellos temas de cooperación, pues en el decálogo de intenciones de ADECOP siempre ha figurado en primer lugar que si una familia se lleva niños de un país, es preciso restituir con ayudas para mejorar la atención de los menores que allí se encuentran desvalidos.

A partir de Colombia, y junto con PIAO, comenzó la búsqueda de otros países que estuvieran dispuestos a facilitar la adopción internacional, y con los años, desde 1996, empezaron a desfilar Estados que acataban la Convención de La Haya, Perú, Bolivia, Rumanía, Rusia, Panamá, Vietnam, Kirguistán, Bulgaria, Honduras,, Camboya, China, Etiopía, Moldavia, Kazajstan.

¿Y sabéis quién viajó a todos ellos, incluso varias veces? Pues sí, Miguel, el mismo que el día antes de abandonarnos se reunía con los representantes rumanos para controlar sus gestiones en aquel país, sí, el mismo que nunca cobró un céntimo de euro por dar la vuelta al planeta varias veces, sí, el mismo que asesoró a la comisión del Congreso y el Senado para legislar de forma coherente la adopción internacional, sí, el mismo que ha impartido conferencias por toda España explicando el modo en que sería conveniente desarrollar los reglamentos, sí, el mismo que recibía llamadas de todas las autonomías pidiendo consejo, y el gran sí, el mismo que es directamente responsable de que se hayan adoptado 5.605 niños en España proporcionado felicidad a miles de personas.

Un hombre honesto y cabal, arrebatado de la vida y de sus ilusiones antes de tiempo, pero sabiendo que éstas van a perdurar porque Carmen, Juan, Fernando y yo nos encargaremos de intentar sustituir al insustituible.

Mis respetos y espero que el de todos los que han logrado el objetivo de ser padres a través de su generosidad.

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