26 de diciembre de 2015
26.12.2015
El ojo crítico

La incertidumbre del cambio

26.12.2015 | 01:58
La incertidumbre del cambio

Si las dos principales fuerzas políticas quieren encontrar una causa al paulatino descenso que, con mayor o menor brusquedad, llevan sufriendo desde hace años, no deben buscarla en fallos de estrategia durante la campaña electoral o el consabido y aburrido argumento del Partido Popular de no haberse sabido explicar bien sino, sobre todo, en un reguero de errores cuyo origen se remonta al pasado inmediato. Aquel giro bronco a la derecha, cuando no a la extrema derecha, de un Partido Popular que se decía de centro cuando el PSOE ganó por mayoría absoluta en 2008, puede que le hiciese ganar votos en su caladero más radical pero le hizo perder, para un futuro que el pasado domingo se convirtió en realidad, un apoyo fundamental que ha recogido Ciudadanos. El cambio de último momento de querer presentar a Mariano Rajoy como un estadista simpático y campechano no ha colado. Y no sólo por los innumerables casos de corrupción, el saqueo de las arcas públicas que ha ocurrido en la Comunidad Valenciana, entre otros casos, o por la metódica desmembración del Estado del Bienestar con la intención de privatizarlo. Rajoy y su partido han cosechado el peor resultado desde 1989 por haberse ausentado de la realidad y de una sociedad que empezó a cambiar cuando todavía gobernaba Aznar y cuyo máximo cénit se alcanzó con el movimiento 15M.

Ha llamado la atención el reiterado, recalcitrante y absurdo señalamiento, desde los medios de comunicación e incluso por parte de analistas políticos a los que se presupone una cierta formación, del aspecto físico de Pedro Sánchez como una de las características más reseñables de su candidatura política. El argumento de que es un hombre atractivo que no logra empatizar con el votante por falta de naturalidad, es decir, por una impostura provocada por su buen físico, podría ser una de las mayores tonterías que se han dicho durante esta campaña electoral. Se podrá estar de acuerdo o no con Pedro Sánchez con su concepto de Estado o por cómo ha dirigido el partido, pero argumentar que no ha sabido transmitir sus ideas es algo falso. Si algo ha hecho el líder de los socialistas es acudir a todos los programas de radio y televisión a los que ha sido invitado y a los que ha querido ir así como ser entrevistado por casi todos los periódicos españoles. Mucho nos quejamos los españoles de nuestros políticos pero luego casi no se ha hablado de la formación de Sánchez; licenciado en económicas y empresariales, doctorado en economía, profesor de universidad y capaz de hablar en inglés y francés. Tampoco se ha hecho referencia a su trayectoria laboral. Nos preguntamos qué hubiese pasado si el destinatario de comentarios sobre su aspecto físico hubiese sido una mujer en vez del secretario general del PSOE.

Ya avisamos desde estas mismas páginas hace unos cuatro años que el PSOE estaba perdiendo el voto de los jóvenes y no tan jóvenes votantes de izquierdas de la Comunidad Valenciana. Hoy día ya es una realidad. Y buena parte de culpa de ello la ha tenido todos esos supuestos nuevos valores del socialismo valenciano que sin formación cultural ni intelectual y sin haber trabajado prácticamente en nada se han prodigado en esfuerzos para conseguir el ansiado puesto político remunerado. Al mismo tiempo ha faltado en el PSOE un control interno fuerte que impidiese delirantes situaciones como la producida en el socialismo alicantino, donde varios concejales del Ayuntamiento de la pasada legislatura apoyaron iniciativas de Izquierda Unida e incluso llegaron a pedir el voto para esta formación cuando todavía ostentaban el sillón municipal o de la Diputación Provincial. Tal actitud podría tomarse como una charlotada si no fuera porque el voto de los ciudadanos es uno de los pilares básicos de la democracia que tantas vidas costó conseguir.

Queda por saber qué hará a partir de ahora la formación de Pablo Iglesias. Podemos ha tenido el acierto de aliarse con partidos minoritarios de izquierda de varias comunidades autónomas, como ha hecho con Compromís, gracias a lo cual su número de escaños ha sido mayor del esperado. Esta fortaleza es al mismo tiempo una debilidad: Podemos corre el riesgo de que una vez instalados en el Congreso de los Diputados los partidos en los que se ha apoyado pretendan recuperar su autonomía a la hora de decidir su voto en la investidura del nuevo presidente del Gobierno. Por otra parte, Podemos tendrá, ahora sí, que definirse y abandonar esa nebulosa en la que se hallaba inmerso para no asustar a parte de sus votantes. El trasvase de votos de Ciudadanos y del PSOE a Podemos no es un cheque en blanco eterno. Nos ha sorprendido su cambio de actitud una vez conocido el resultado electoral del domingo. De la necesaria búsqueda de un acuerdo producto de la concordia y de la conciliación, a imitación de la Transición, han pasado a plantear unas exigencias, unas líneas rojas, infranqueables para iniciar cualquier clase de diálogo para llegar a una investidura presidencial.

Por otra parte, y aunque desde el Partido Popular y Podemos se diga que el PSOE debe dar un paso adelante, es a Mariano Rajoy al que compete tratar de conseguir el apoyo de la mayoría de los miembros del Congreso de los Diputados.

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