Tribuna

Debate indecente, ruin y mezquino

18.12.2015 | 08:52
Debate indecente, ruin y mezquino

Ante la incapacidad manifiesta de defender el desolador panorama español tras el gobierno de Zapatero frente al actual panorama, al menos esperanzador, que deja el gobierno de Rajoy, Pedro Sánchez en el «cara a cara» con el presidente del Gobierno decidió tirar por la calle de en medio, desperdiciando una gran oportunidad de ofertar una alternativa seria y creíble para mejorar la situación, y, prácticamente, desde el inicio del debate hasta el final, se aferró al tema de la corrupción como único asunto de fondo (olvidando cínicamente que su partido, como el de Rajoy, arrastra intolerables mochilas llenas de basura) y echó mano de marrulleros comportamientos como forma de defenderlo, interrumpiendo permanentemente cualquier argumento de defensa, si es que lo había, de su contrincante y descendiendo incluso al grotesco insulto personal, que no a la descalificación política que, en todo caso, hubiera sido lo correcto. Bien pronto pues, al margen de los bloques temáticos que indicaba el moderador, se desvaneció la esperanza de asistir a un debate de altura, serio y bien argumentado, capaz de ilusionar y convencer al alto porcentaje de indecisos que aún esperan decidir por quién votar. Y el colmo del bochornoso espectáculo fue exactamente cuándo Sánchez, a cara de perro y en el peor tono marrullero, desciende al peor de los estilos y, a falta de mejores argumentos, espeta a Rajoy «usted no es una persona decente», provocando en el presidente un «hasta aquí hemos llegado», para, en tono severo, calificar su insulto de «ruín, mezquino, deleznable y miserable» y advertir a Sánchez, tras augurar que perderá las elecciones, de que uno puede «recuperarse de perder unas elecciones», pero de semejantes bajezas es imposible recuperarse. Basta indagar en los medios de comunicación, al margen de las preferencias evidentes por uno u otro candidato, para constatar que en todos ellos son semejantes adjetivos los vocablos más utilizados y destacados sobre el debate, lo que sin duda alguna permite calificar el «cara a cara» como indecente, ruin, mezquino, deleznable y miserable, pues es el debate, por llamarlo de alguna forma, más agrio de toda la democracia y el más desilusionante, salvo, supongo, para la eufórica militancia de piñón fijo, justo a quien no hay que convencer ya que está sobradamente convencida. Así, el esperado debate clarificador quedó reducido a un monólogo monográfico sobre la corrupción del PP, que no del PSOE, aliñado de insultos personales, indignos e intolerables en quienes aspiran a presidir el Gobierno de España.

Lamentablemente, por si no fueran decepcionantes para la ciudadanía las ambigüedades calculadas sobre futuros pactos postelectorales por parte de los partidos emergentes, el PP y el PSOE decepcionan más aun a los ciudadanos con este chapucero «cara a cara» que Sánchez, a cuyo comportamiento califica Soraya Sáenz de Santamaría de «macarrismo político», decidió liquidar a la primera de cambio convirtiendo la corrupción en el asunto recurrente en todo momento, ya se estuviera tratando de la política exterior, de la política territorial, del paro? o de cualquier otro asunto de interés, a pesar de que Rajoy, seguramente porque no le interesaba, decidió no entrar en el vergonzoso «y tú más», aunque, desbordado por Sánchez, mencionara los casos de los ERE fraudulentos, cursos de formación y otros casos de la mochila de los socialistas. Ni siquiera cuando Rajoy expuso las medidas legislativas contra la corrupción, adoptadas durante la legislatura sin el apoyo de Sánchez, fue posible conocer las razones del rechazo; ni, cuando tocaba el tema territorial, qué tipo de federalismo propone el PSOE; ni, cuando procedía el tema económico, las diferencias entre rescate a las cajas o rescate económico; ni tantas otras propuestas de uno u otro; todos los asuntos quedaban reducidos a «usted no es decente y debería haber dimitido hace dos años», mientras Rajoy le exigía que explicara por qué no le había hecho una moción de censura en su momento o en qué se basaba para acusarle de «recortar» hasta el derecho de las mujeres a decidir cuándo ser madres, afirmaciones que Rajoy calificaba de «intolerables» y por las que infructuosamente exigía explicaciones.

Entretanto los partidos emergentes, presentados como nuevos frente a lo viejo a pesar de estar plagados de políticos rebotados tanto del PP como del PSOE (por no citar a los procedentes de UPyD e IU, formaciones a las que han fagocitado prácticamente) y como limpios e inmaculados frente a lo sucio (obviedad, entre otras razones, porque aún no tuvieron acceso a la llave de la caja) a pesar de que ya se dan casos de lo contrario, regocijándose porque en el «cara a cara», en el que no participaban, sus contrincantes electorales mayoritarios se enzarzaban en el único tema, la corrupción, que a ellos no les afecta de momento, en vez de exponer y debatir serenamente sus propuestas programáticas, viables y solventes, que sí podrían desenmascarar la inviabilidad e insolvencias de muchas de las presentadas por los partidos emergentes. En fin, como ven, el colmo de los despropósitos.

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