Contrarreloj

15.12.2015 | 01:10
Contrarreloj

Últimamente parece que el tiempo va contra uno mismo. No sé ustedes pero yo siento la presión de unas agujas que, si te descuidas, me hacen sentirme como Harold Lloyd en esa torre de los años 20 en el New York más blanco y negro que se recuerda... sudando la gota gorda mientras sientes el vacío a tus pies, colgando de una manilla mismita de un enorme reloj de tiempo suspendido sobre el vacío. Una imagen alternada con los derretidos aparatos de un Dalí surrealista que, en sueños, se me aparece últimamente solo de pensar en todo lo que toca hacer y llegar a ello hasta viva. Esta sensación se azuza con la campaña electoral que mueve, y eso que ya no son ni remótamente las de antes, personas, horarios, prensa, agendas y yo qué sé... de muchas cosas. Aunque si quieren que les diga la verdad, para desgracia de la política, este país se ha acostumbrado a vivir paralelamente a ella. Como si una defensa fuese, la tropa en general pulula en la vida en planos diferentes y hasta a veces resuena desde lejos la sensación de que hay dos o tres o cuatro «Españas», de las cuales solo un par son las reales, es decir, las de la vida misma. Pero a lo que íbamos: en esta suerte de ginkana que nos toca vivir, a algunos últimamente (más de los que se imaginan muchos... ave mediante) la prisa es la tónica general, un espacio común en la que coincidimos todos. Desde la cola del Mercadona al espacio Gourmet del Corte Inglés (donde este próximo 17 hay un eventazo gracias a la revista Impuls maravilloso) hasta el momento en el que caes en la cama, mejor dicho te desplomas, en casa o donde proceda (casa ajena, asiento de tren u hotel currando), el día da para todo. Solo que para las mujeres últimamente más que nunca. Por eso admiro a mis compañeras de sexo. Alucino con verlas como a mí en el súper, con los niños incluso, mientras cogen hasta el móvil para atender a cualquiera y entre respiros coger el bote de Ariel, las bolsas de «nosequé» y sujetar la vida con pasión y entrega... pensando hasta en el Danone, los dentistas y la oficina, el trabajo en general, las vacaciones... El mundo es esa suerte que mujeres de nuestra tierra como Piedad del Carmen Candela de Brand Tools, una mujer de armas tomar, genial, solidaria, empresaria, luchadora, como ella sola, o mujeres como Alma Moresi, cantante, actriz y protagonista también de Los Miserables, o mi joven Cristina Stoico que esta semana dará mucho que hablar en cinco paginones de una publicación nacional social de primera... todas ellas son mujeres normales que hacen cosas de «heroínas», trabajando cada día, o una de esas políticas a las que admiro por ser joven, guapa y últimamente luchando a brazo partido por defender la política social de Alicante, Nerea Belmonte, o Loreto Cascales que, me consta, han llegado muy arriba por luchar desde su pueblo, Santa Pola, con dedicación a este sano arte de la política, o Patricia Blanquer (que ha superado un cáncer de mama dando ejemplo en el tajo...) o Ana Cerdán que me ha parecido una tipa espectacular entregada y curranta y honrada. En fin, todas ellas cuando ayer un gran Balbino Martínez recogía junto a Carmen Lomana (que a mí me cae de cine... digan lo que digan) compartiendo espacio y distinciones con Josse Peluqueros de Villena... Y recibían un justísimo premio Forum Europa 2001 a toda una trayectoria dejaron claro que, son un ejemplo de lo que me mueve cada día para entender que la vida muchas veces es hasta justa. Gracias a este 2015 que ya casi se va, porque dejaré de soñar en agujas de reloj sobre rascacielos, para soñar con segundos del tiempo empleados en correr para crecer. Como crece cada una de las que me enseña y me da ejemplo para seguir luchando por un horizonte limpio y humano, justo y decente, igualitario y sobre todo exquisitamente justo (¡o dulce como lo pone Andrés Espí!). Feliz domingo.

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