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Predicar con el ejemplo

11.12.2015 | 05:44
Predicar con el ejemplo

Paseo con una amiga, que me cuenta que ha empezado a dar clases de yoga y, que está encantada con esa disciplina que se originó en la India, y que busca el bienestar físico y mental de quienes lo practican cultivando cuerpo, mente y alma. Y que desde que se inició en dicha práctica ha adquirido una mejor flexibilidad y postura corporal, y que se siente más fuerte y saludable, con mayor energía y paz interior, y menos tensa.

Pero que, como anécdota, está alucinada porque a su maestro de yoga le dio una crisis de ansiedad el otro día en una clase, y que todos los alumnos se asustaron mucho, y que el profesor ha cogido una baja por ese trastorno.

Con lo bueno que era, se lamenta sorprendida mi amiga. Tan fuerte, flexible, atento, espiritual.

Y sin poderlo remediar reímos las dos al encontrar tan gracioso que un profesor de yoga pueda tener crisis de ansiedad y hasta tener que coger una baja por ello. Y reflexionamos sobre que todo nos puede pasar a todos. Y sobre lo que nos une esa humanidad, y como nos sentimos reconfortados en la de los demás, porque nos acerca a la nuestra.

Y porque si queremos sentirnos bien, y no sufrir estrés, ansiedad y angustia, una de las primeras cosas que tenemos que hacer es aceptar nuestra humanidad.

Y como somos humanos, nos enfadamos, nos entristecemos, tenemos pensamientos y emociones que no nos gustaría tener, perdemos los papeles en ocasiones y nos podemos sentir muy mal.

Y como somos humanos también nos alegramos, tenemos pensamientos maravillosos y nos sentimos muy felices.

Las dos caras de la moneda, porque no podría darse una sin la otra. O El filo de la navaja, la emocionante novela de Somerset Maughan, con su protagonista en busca de la verdad y la paz espiritual en un viaje que le llevará desde sórdidos barrios de París hasta las nevadas cumbres del Himalaya.

Y me consuela pensar que un profesor de yoga pueda tener ansiedad y vuelvo a la conversación y le digo que hay que consolarse siempre que se pueda y con lo que dispongamos.

Y que no hay que ser perfectos, pero si esforzarnos por alcanzar la excelencia.

Y que la anécdota del profesor de yoga puede ser muy socorrida. Pues si a él le pasa, a todos nos podría ocurrir.

Así que no ocurre nada si hoy estoy un poquito nerviosa, si tengo algo de ansiedad. ¿Qué te parece, pues, amiga, si esta tarde nos vamos las dos a tu clase de yoga?

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