Correo urgente

Isabel Coixet y la opinión de los demás

04.12.2015 | 04:45
Isabel Coixet y la opinión de los demás

Leo una entrevista con Isabel Coixet, la admirada directora de cine española nacida en Barcelona, de quien recuerdo ahora las emotivas películas Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras, y que acaba de estrenar Nadie quiere la noche, protagonizada por Juliette Binoche, actriz de marcada personalidad, que recibió la Espiga de Honor en la última Semana de Cine de Valladolid.

Y dice Coixet al periodista que el éxito es poder hacer lo que quieres en cada momento, sin dar explicaciones y sin tener que caer bien a los demás, pues hay que impedir que te afecte que lo que haces no guste a los otros. Reflexiono sobre esta última frase, es decir, que no te importe no gustar a los demás, y es que si hay una esclavitud emocional es la de querer agradar a todo el mundo, lo cual es imposible, y es que no podemos complacer a todos por una sencilla y evidente razón que es la de que no todo el mundo nos gusta a nosotros.

Cuando te liberas de esas cadenas, te das cuenta de que tú eres la persona a quien más tienes que agradar, aceptándote y amándote incondicionalmente, con independencia de que haya cosas que quieras cambiar, y es curioso que cuando ocurre esto y cuando trasmites a los demás que te gustas y te encanta lo que haces, se despierte un interés genuino hacia tu persona.

Tienes que buscar, pues, la aprobación dentro de ti, con modestia y humildad, pero con el convencimiento de que mereces el aprecio y la consideración porque cada día te esfuerzas por ser mejor persona, con coraje y determinación, siendo un modelo de respeto por ti mismo y con la voluntad de ser una persona única y especial.

Y como tal me parece la parisina Juliette Binoche, que ha dicho sobre su trabajo con Coixet que el amor de la directora catalana por el ser humano, con sus emociones y contradicciones, fue lo que le decidió a protagonizar la película, de la que Isabel dice ser una buena historia que merecía ser contada.

Y pienso que todo ello parece muy atractivo, y que me apetece mucho ir esta tarde al cine, de modo que llamo a mi marido y cuando me dice «oye que te parece si te recojo y vamos a ese sitio...» no le dejo terminar la frase y sonriendo soy yo quien le digo «tengo una sorpresa que te va a gustar», y se la cuento de camino al cine.

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