Tribuna

Ramón Martín Mateo y la Arquitectura (copiando el título del anterior artículo)

03.12.2015 | 04:22

Es loable el hecho de que un arquitecto y además notable como es el caso de Javier G. Solera, agradezca y reconozca a quien le ha encargado alguna obra de arquitectura en la Universidad de Alicante, pero conveniente es también que por esa emoción no caiga en irregularidades e inexactitudes.

Y es que ocho años antes de la fecha de esa conversación (Solera-Pedreño, 1994), en una mañana soleada, paseábamos Ramón Martín Mateo, el rector, Antonio Fernández Alba, maestro de arquitectos, y yo, por el campo empolvado por la fábrica de cemento –lo que entonces era el Campus– donde solo existían los antiguos pabellones, el aeródromo, el edificio de la torre de control, la pista de aterrizaje, polvo y pinos casi blancos. Ahí empezó el sueño del nuevo Campus, no solo de arquitectura sino también de paisaje y jardinería.

Acababa Ramón de regresar de un viaje por China, con Alba, y me llamaron a mí. Entonces empezamos a soñar. Pensamos que era necesario incorporar al equipo un buen jardinero-paisajista, por lo que se decidió incorporar a Pepe Orts, del Huerto del Cura.

En los pabellones se impartía medicina. El arquitecto de Educación D'Ols proyectó la Facultad de Derecho, y Antonio Fernández Alba la de Económicas. Pero era necesario hacer un plan director de todo el Campus.

Dos años más tarde, Ramón, el rector, y yo, como arquitecto, lo presentamos en el Ayuntamiento de San Vicente, en una reunión con la alcaldesa y José María Chofre, arquitecto municipal.

Empezamos la urbanización de la primera fase del Campus. Proyectamos y construimos el Aulario 1 en dos fases, la Escuela de Enfermería, el Club Social, la Facultad de Ciencias y la de Filosofía y Letras, la plaza a Miguel Hernández, se hizo el Bosque Encantado, para circundar el Campus de la autopista (siempre acompañados de jardinería ejemplar), el polideportivo, las naves de planta piloto, almacenes y, en el Campus de San Juan, la Facultad de Medicina, el edificio de profesores, departamentos, el Hospital de San Juan, el Centro de Hematología... El proyecto de la Torre de Control convertida en Rectorado... y así empezó la Universidad del Campus de San Vicente.

Sí es cierto que Pedreño le plantó cara a Zaplana, en la apertura de curso de un año, pero fue en el Aula Magna, y el encontronazo por sí mismo dio cabal idea de la talla de ambos, las consecuencias, por desgracia, las pagó la UA lo que debió aconsejar al entonces rector un puntito menos de soberbia y varios más de prudencia y respetuosa humildad.

En fin, en honor a la verdad, y como respeto y reconocimiento, el motor iniciador del Campus fue el rector Ramón Martín Mateo, ayudado por su equipo de arquitectos que tuve el honor de dirigir y por los paisajistas Pepe Orts y José Luis Romeu.

Es evidente que Pedreño y su equipo de arquitectos continuaron con nuestra obra. Hoy es el mejor Campus de Europa, así se ha reconocido, de lo cual estamos muy satisfechos y orgullosos.

Equipo de arquitectos y jardines: Alfonso Navarro, Alfonso Casares, Marcelo Franco, Pepe Orts, José Luis Romeu y empresas colaboradoras.

Lo que pasó después es otra historia, pero como le decía Don Quijote a Sancho: «El gran pecado del mundo no es solo la envidia, sino la falta de reconocimiento». Y no reconocer a don Ramón Martín Mateo la paternidad del Campus –la mayor parte, al menos– es constitutivo de ingratitud parangonable de la reductiva dedicatoria de un Aula, tan ingrata por nimia, que hace recordar aquello de los bien nacidos, a contrario sensu.

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