Feliz día del sociópata

25.11.2015 | 00:53

Centrado y sigiloso se prepara en la búsqueda de la presa deseada, sabe que su capacidad de seducción envolverá para convencer. Este gran actor conquistará a su víctima, quién ajena, durante algún tiempo, le parecerá estar oyendo música de violines, cuando en realidad lo que suenan son tambores de guerra. Nuestro camaleónico protagonista, ese conocido gran desconocido, no se desposeerá de su presa porque se siente propietario y la necesita para sus fines. Nadie sabrá, ni su víctima y posiblemente ni él, que es un psicópata.
Nuestro desconocimiento en esta materia hace que esa patología la asociemos inconscientemente a personajes de ficción (en la historia han sido pocos los casos conocidos). Lo que no quita que sepamos que los psicópatas, o sociópatas, conviven con normalidad en nuestro entorno, con rasgos ciertamente obsesivos, absorbentes, controladores y manipuladores, pero no por esa razón todos terminan cometiendo un delito, desde el punto de vista penal, si no está en su mente.
Queremos abordar este complejo tema, sin complejos, porque ya va siendo hora de que pongamos el foco de atención en el agresor para entrar en el núcleo de la violencia machista. Partiendo de la base de que quién agrede a su pareja o expareja tiene un comportamiento totalmente anormal, estaremos de acuerdo que quien lo hace padece de un desequilibrio mental importante.
No obstante, debemos tener claro nuestro criterio al considerar el machismo, diferenciando grados de intensidad según comportamiento, porque no existe perfil determinado, así que nos encontramos ante un variopinto abanico que pasaría desde el psicópata hasta el gilipollas común. Aunque esta última definición no parezca muy científica, lo cierto es que, genéricamente, es el grupo más elevado de esta especie, ya sea por ignorancia, valores, normas o creencias, él se considera por encima de la mujer y trata de imponer su dominio dentro de su debilidad humana, lo que lo eleva a la categoría de simplemente gilipollas.
Ante la pasividad de quienes gobiernan, que se limitan a dar cifras de muertes como si lo importante fuera la estadística y ante el insoportable número de asesinatos, hoy 25N, nos parece una dedicatoria a ese maltratador, psicópata o lo que sea, que vive su irreal realidad y que probablemente un día será el protagonista de su caso en los telediarios. Porque estos agresores gozan de impunidad en sus hogares, convierten a sus víctimas en rehenes, ya que éstas se encuentran en situación de inferioridad por su dependencia económica, además no disponen de garantías de seguridad para salir de ese infierno, porque al contrario de lo que dice la publicidad institucional, no hay salida, o por lo menos es muy difícil y las mujeres lo saben.
La Ley integral contra la Violencia de Género de 2004, nació deficitariamente, porque entre otras cosas obligaba a la mujer a denunciar para poder ser atendida, sin embargo, ha quedado demostrado que es precisamente en ese momento cuando la mujer alcanza el mayor grado de peligro y no existe protocolo que la ampare de verdad. De ahí que, en la mayoría de los casos de mujeres asesinadas no exista demanda judicial y en otros, hasta haya sido retirada.
Entre los informes consultados para escribir estas líneas, hemos observado la coincidencia manifiesta en el desbordamiento que aducen los centros de atención a estas mujeres, quejas por la poca formación impartida para personal especializado, la escasez de profesionales sanitarios y en general los precarios medios disponibles. Ello nos conduce directamente a la responsabilidad que tienen los gobiernos del aumento de estas muertes (desde el 2008 han recortado un 33%). Ejemplo de sus inversiones, según el periódico Diagonal, los gobiernos entre el 2007 y 2015 destinaron en campañas de promoción de las Fuerzas Armadas, 62 millones, casi el doble que para la prevención de la violencia machista. Otra de las prioridades del Gobierno ha estado en la promoción del consumo de pescado congelado, que gastaron 4,5 millones en 2011, frente a los 3 millones destinados a partidas contra la violencia.
La situación exige medidas de emergencia de aplicación inmediata, porque el machismo está asesinando a mujeres y niños. Hay que insistir y reforzar la educación, fundamental en la infancia y especial en la adolescencia. En esta lucha de igualdad entre hombres y mujeres, imprescindible, campañas de concienciación, que no de marketing para propaganda de quién gobierna. Pero no más carteles de mujeres con ojos morados, queremos mensajes dirigidos para el conocimiento e implicación de toda la sociedad, porque la concienciación y la educación, será la mejor herramienta en la prevención y protección de la mujer y en su conjunto para el fin de este atraso y aberración humana del siglo XXI.

(*) Firma también este artículo Puri Eisman, secretaria de Comunicación de la CGT-PV

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