20 de noviembre de 2015
20.11.2015
Impresiones

20 N, dos visiones

20.11.2015 | 05:12
20 N, dos visiones

El veinte de noviembre es la fecha en que murió el general Franco, pero también es el día en el que cayeron dos españoles envueltos ahora en la bruma: Buenaventura Durruti, líder de la CNT y referente del Anarcosindicalismo hispano, y José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española e impulsor del Nacionalsindicalismo.

Los dos murieron un veinte de noviembre; los dos en la guerra de 1936; los dos utilizados como punto de lanza de los bandos en contienda, cada uno en uno; los dos usados y manipulados. Hoy están cubiertos por el olvido de la mayoría de los españoles, o adorados por sus seguidores minoritarios en el pedestal donde se venera a los héroes.

El día 20 de noviembre de 1936, hacia las 6 de la mañana, era despertado Miguel Primo de Rivera para comunicarle que su hermano iba a ser fusilado y que quería verle en su celda. Cuando Miguel llega a la celda de José Antonio lo encuentra en compañía del director de la prisión y varios milicianos armados. Uno de los milicianos les dice que tienen 15 minutos para despedirse. Terminado este plazo, los dos hermanos se abrazan. «Miguel, ayúdame a morir con dignidad», dice en inglés, «Help me to die with dignity». Miguel le responde: «Reza por todos nosotros». A continuación comienza a vestirse. Chaqueta gris sobre un mozo azul y un abrigo claro. Calza unas alpargatas. Uno de los milicianos le urge para que termine de vestirse. José Antonio le responde: «Como sólo se muere una vez hay que morir dignamente».

Sobre las seis y media de la mañana llegaron al patio José Antonio y los otros reos. Dos falangistas y dos carlistas. Un sargento dio la orden de disparar. Sonaron doce disparos. El cuerpo de José Antonio se desplomó sin vida. Los cadáveres fueron trasladados en una ambulancia al cementerio de Alicante. Se enterraron en una fosa común sin mortaja ni ataúd. El cadáver de José Antonio recibió el número de orden 22.450 de la fosa común número 5, fila 9.ª cuartel número 12.

Buenaventura Durruti conoció el encarcelamiento de José Antonio Primo de Rivera en una prisión de Alicante. El líder anarquista reaccionó vehementemente. Dijo que encarcelar al jefe de la Falange era acabar con lo único sano de la España franquista, dar el tiro de gracia a la posibilidad de reconciliación de las dos Españas. Durruti pensaba que aquello era una consecuencia de la sovietización del bando republicano. La escena es recogida por varios testimonios de la época.

El día en el que Primo de Rivera fue fusilado, en la mañana del veinte de noviembre, Buenaventura Durruti participaba en la defensa de Madrid ante el acoso de las tropas de Franco. Una bala lo alcanzó en las inmediaciones del Hotel Ritz. ¿Un accidente? Algunos historiadores hablan de un asesinato orquestado por los comunistas. Algunos historiadores sostienen también que los gerifaltes de la zona nacional podrían haber hecho algo por liberar a José Antonio.

Se trataba de personas molestas para militares con pocas ideas, o para estalinistas de frialdad glaciar.

José Antonio y Durruti entraron en la historia y en el mito el mismo día de un otoño de 1936. Las balas irrumpieron en una España asediada por la injusticia, el miedo y la ansiedad. Las balas interrumpieron los intentos de acercar posturas entre CNT y Falange plasmados en las conversaciones, siempre difíciles, entre dirigentes de ambas formaciones. Las balas desgarraron la carne joven de dos españoles que el destino colocó como santo y seña de bandos antagónicos. Paradojas de la historia.

Los cuerpos de Durruti y José Antonio fueron enterrados, y sobre el ataúd de ambos iba una bandera roja y negra.

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