17 de noviembre de 2015
17.11.2015

Cómo hacer un arma

17.11.2015 | 04:53
Cómo hacer un arma

Conocido lo que puede hacerse uno solo en la cabeza a poco que las cosas vengan mal dadas es fácil imaginar lo que se pueden conseguir cuando una persona afectada de indolencia, rechazo, carencia, estupidez o frustración cae en manos de profesionales del lavado del cerebro, conocedores de técnicas de eficacia probada. Se puede lograr que disparen a una multitud aterrada y recarguen o que pasen a ráfaga una terraza de personas que charlan, ríen y aman y rematen con desdén a los que caen al suelo. Se puede conseguir que actúen como nuestros soldados en guerra pero sin guerra, con personas que no son combatientes ni van armadas. El fanatismo de la religión es el más poderoso detergente del lavado cerebro a mano o a máquina. Es tal su potencia de manipulación que se les puede programar para que se destruyan accionando un cinturón de explosivos ceñido con hebilla y orgullo.
Cuando se habla de la habilidad de las organizaciones yihadistas en las redes sociales se exagera. El nuevo mar conocido es un hábitat con todo tipo de peces y los yihadistas no saben nada que ignore cualquier empresa que navegue y pesque. Las redes sociales son muy eficaces para conectar desconectados. Ejemplo: la fuerza de los «frikis» en la cultura contemporánea es resultado directo de las redes sociales. No son más, sólo están más y mejor conectados y así han pasando de individualidades dispersas a minoría suficiente para ser un segmento de mercado y de opinión accesibles desde nuevos modos de producción y distribución ágiles y limitados.
En las redes se encuentra lo que se busca si se sabe buscar y los yihadistas captan personas que son gratis y que nadie reclama, si se las coge. El yihadismo se dedica al reciclaje psicológico de personas económicamente sobrantes o socialmente residuales para su arsenal de armas de destrucción masiva.

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