Pisando charcos

¿Quién es más feliz, el que da o el que recibe?

14.11.2015 | 06:36
¿Quién es más feliz, el que da o el que recibe?

Recuerdo el primer examen en mi época de estudiante, cómo me temblaban las piernas, cómo me sudaban las manos y el pulso iba disparado sin ser capaz de controlarlo. La prueba era en una clase reducida donde, mientras el profesor repartía los exámenes, todos nos mirábamos sin evitar los gestos típicos de nerviosismo. En la misma sala había un compañero que llevaba un amuleto. Lo curioso es que era el único en cuya cara se reflejaba tranquilidad, mientras lo ponía encima de su mesa, sin parar de acariciarlo con una de sus manos. A los pocos días, las listas de los resultados de los exámenes se colgaban en uno de los paneles del hall de la Facultad de Derecho y acudíamos como moscas a la miel, abriéndonos camino a codazos, para ser los primeros en saber la calificación.

El resultado del primer examen de mi compañero fue brillante, del mío mejor no hablar. Mientras miraba las notas de todos los presentados, recordaba la imagen de su rostro y la paz que transmitía a la hora de afrontar la respuesta a las cuestiones. Ese mismo día lo felicité por haber sacado la nota más alta, le dije que me encantaba su amuleto y me lo dio. Me dijo: ¿Te gusta? Quédatelo. Lo llevo desde pequeño conmigo y siempre me ha ayudado. Espero que te vaya tan bien en los estudios como a mí.

Han pasado muchos años desde ese día y todavía llevo conmigo el rosario de color blanco, el amuleto que me acompañó en todos los demás exámenes con éxito, está igual que cuando me lo regaló. Me lo dio porque sí, sin esperar nada a cambio. No olvidaré jamás su mirada de gozo cuando me vio, tan emocionada, ante la sorpresa de aquel regalo.

Todos buscamos tener éxito en nuestras vidas, nuestros proyectos profesionales y personales. Muchas personas no conocen el éxito de una práctica tan sencilla, fructífera y recomendable como es dar a cambio de nada. Cuando das sin esperar nada a cambio, recibes sin tener que pedirlo y se abre la puerta a un mundo de plenitud con muchas ventajas. Hay muchos modos de dar, compartir, regalar una idea, una sonrisa, gestos, detalles? Pero lo que se da hay que darlo de corazón. ¿Por qué tener miedo a dar? ¿Con quién te gusta más relacionarte, con quién da o con quién no es capaz de dar sin recibir a cambio? Si damos esperando algo a cambio, en realidad no estamos dando nada. No hay mejor recompensa que hacer feliz a quien se da y recibir su mirada de gratitud. Decía la madre Teresa de Calcuta: «No deis sólo lo superfluo. Dad vuestro corazón».

Muchas personas no entienden lo de dar sin más, por el placer de dar. «Cuando doy, me doy a mí mismo» (Walt Whitman, el autor de Hojas de hierba). Aquel que recibe sin esperar nada, quien ha sido tratado con generosidad aprende de ello y desarrolla la capacidad de dar. Dar sin pedir a cambio nos aporta felicidad y nos enriquece día a día, cuánto más das más tienes, más recibes. Ser feliz es ser libre.

Lo anterior no quiere decir que no sea importante recibir, sobre todo cuando recibimos cosas positivas que nos enriquecen como personas. A veces recibir es un acto de humildad, de ser agradecido sobre todo cuando en momentos en que nos sentimos faltos de cariño somos capaces de pedir ayuda y entregarnos sin miedo al rechazo porque todos merecemos sentirnos queridos. En estos casos recibir es nutrirse de bondad, de felicidad. La misma felicidad que para Aristóteles es un fin en sí misma y para Kant –creador de la escuela deontológica– el deber, que se sostiene en la voluntad, y que también es un fin en sí mismo.

Puestos en el camino de la felicidad, ¿por qué no dar las gracias cada día por todo lo que recibimos? Ser agradecido es ser feliz, actitud que va unida a un sentimiento. Cuando mostramos gratitud incondicional, es decir, cuando agradecemos todo y nada a la vez porque no ha ocurrido ningún acontecimiento, no son precisas razones: el simple hecho de vivir, tener salud, disfrutar de una vida mejor que las que están detrás... Ese agradecimiento, si lo mostramos cada día, es la clave del éxito profesional y personal y por supuesto nos hace más felices.

Nada mejor que empezar el día dando las gracias, es una actitud que te hace sentir bien durante toda la jornada, agradecer e incluso los problemas, conflictos o dificultades que nos depara la vida aun con lágrimas, es el mejor remedio para secar los ojos y sonreír viendo lo bueno de lo malo. Es un gran paso para levantarse y seguir. Un paso para el éxito y la felicidad. Para finalizar: además de saber dar, recibir y dar las gracias por el simple hecho de vivir, las cosas empiezan a cambiar si tratas a los demás como querrías que te trataran a ti. Como decía Dale Carnegie en su obra maestra: «Si quieres cambiar a otros, comienza contigo mismo».

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