14 de noviembre de 2015
14.11.2015

Alcantarillas del poder

La quinta producción de Teatro del Barrio recupera parte de nuestra memoria colectiva sin aburrir en el intento

14.11.2015 | 06:36
Alcantarillas del poder

Las guerras correctas
Teatro Principal de Alicante
Texto y dirección: Gabriel Ochoa.
Producción: Teatro del Barrio.

Cómo recuperar parte de nuestra memoria colectiva y no aburrir en el intento. Lo logra la quinta producción de Teatro del Barrio, una cooperativa para construir un proyecto político-cultural de muchos y para todos con sede en Madrid. Entienden que la cultura no es un fin en sí misma, sino un vehículo del movimiento ciudadano para transformar la sociedad. Esas directrices marcan el rumbo de sus producciones, como Las guerras correctas, del autor valenciano Gabriel Ochoa, director de esta pieza sobre el GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación). La voz en off recuerda esa realidad de entonces. La «guerra sucia» o el llamado terrorismo de Estado contra ETA y su entorno durante los gobiernos de González. Entre 1983 y 1987. Principalmente en el País Vasco francés y en algunas zonas españolas. Atentados, secuestros (que también afectaron a personas que no tenían relación con los etarras), torturas y delitos económicos. Ya en tiempos franquistas y en la Transición con la UCD existieron diversas organizaciones de corte similar. Algunos aplaudían los hechos pero después los denunciaron por interés político. El preámbulo y otros pasajes conducen a la histórica entrevista de Iñaki Gabilondo a Felipe González en RTVE. La noche del 9 de enero de 1995. Luis Callejo interpreta al periodista y Manolo Solo acoge el papel del presidente. No imitan. Mucho mejor. Se aproximan a ambos con sus voces, gestos o ademanes. Y lo consiguen muy bien. César Tormo es el director de TVE, García Candau, y Chani Martín, Pérez Rubalcaba, asumiendo sus reconocibles formas. González se desmarca. Las relaciones y los intereses del periodismo y de la política, en aquellos instantes, salen ligeramente a flote. Hay escenas superfluas y otras innecesarias. El pulso vuelve a latir con la charla privada entre los principales personajes, y el juego escénico imprime notas de humor, incluso visual, en el vacío espacio con dos teléfonos. Hubo condenas y exculpaciones. ¿Quién fue el Sr. X? Todo en el Arniches y en la Muestra.

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