Un país se construye desde la educación

11.11.2015 | 03:49
Un país se construye desde la educación

Solo si el hombre admite que su identidad está lastrada por sus limitaciones naturales, educativas, culturales... puede superar el pasado y mejorar el futuro. De manera que no es el hombre anquilosado en una colectividad conformista el que debe levantar la pirámide social, sino el que lucha para hacer de sus hijos los próximos legisladores. Y para ello ningún arbotante más poderoso que el de la educación. Y en esta, el tema raigal: la responsabilidad.
La educación no puede ser una imposición sin más, porque siempre nos rebelamos ante cualquier tipo de tiranía. La educación es un acto de amor: una invitación a aprender a vivir noblemente.
La primera asignatura que sería imprescindible razonar es la de la responsabilidad; y no como «asignatura», sino como irrenunciable principio de convivencia en una sociedad en la que, luchando por la igualdad de derechos, se ha ido olvidando la necesidad y obligatoriedad de los deberes.
Cuando somos responsables nada hacemos sin haber pensado antes en las consecuencias, y por lo tanto en el bien o el mal que pueden provocar las decisiones propias y ajenas.
Aprendida tal responsabilidad, el niño, el joven y el hombre aprenderán que deben aprender a no equivocarse, y para ello a acertar; y para esto a procurarse un buen bagaje de conocimientos dentro y fuera de las aulas. Desde ese instante verán que el mayor enemigo social es la impunidad ante las malas decisiones y malos actos, nacidos del desconocimiento y la incultura; o sea: de la irresponsabilidad.
Y observarán también que es a esa impunidad a la que parecen aspirar muchos de cuantos ocupan –inexplicablemente– cargos decisorios para los demás: políticos, banqueros, mandamases de la Economía.
Con lo cual deducirán que siendo estos quienes proyectan los estatutos de la educación huelga preguntarse si algún día legislarán contra sí mismos o mantendrán el estado de maleducación desde el que se benefician. Es decir: ¿Qué gerente de qué empresa con ánimo de lucro se regirá por la ética si esta empobrece sus ganancias?
Por lo tanto: ¿Se enseña –en las aulas, desde cualquier tribuna pública– a ser competente como ser humano o competitivo como animal social que debe ganar al competidor «como sea»? ¿Enseñamos a un pueblo para que en él reine la dignidad o para que corrompa su conciencia?
Como digo: si la sociedad nace en las aulas, un país se construye desde la educación.

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