Cataluña, ya no caben medias tintas

11.11.2015 | 03:49
Cataluña, ya no caben medias tintas

Lo sucedido en el Parlament de Cataluña es de tamaña gravedad que ya no caben medias tintas a la hora de posicionarse: o estás a favor del golpe de Estado de los independentistas catalanes o estás a favor del Estado de Derecho. Si desde hace tiempo se veía venir tan caótica situación y nadie hacía lo suficiente para evitarlo (entre todos la mataron y ella sola se murió), ahora, ya no caben reproches, ni golpes de pecho, ni amaños impresentables, ni equidistancias intolerables, ni razonamientos lógicos, ni concesiones estúpidas para tener la fiesta en paz, ni tolerar lo intolerable en actos ilegales de tono menor, ni cálculos políticos electorales, ni promesas sobre encajes territoriales? ni nada de nada. Ahora sólo cabe permitir que se imponga la razón de la fuerza, apoyando el totalitario planteamiento de Romeva, que dice «esto ya no se puede parar», o luchar para que triunfe la fuerza de la razón, apoyando el democrático planteamiento de Rajoy, que dice «el Gobierno no permitirá que esto continúe»; en definitiva, que se imponga el totalitarismo o que se consolide la democracia, que triunfen los liberticidas o los demócratas. España, como en otros muchos episodios a lo largo de su larga historia, enfrenta un nuevo reto fascista (en sentido amplio del término), ya que un grupo de personas, al margen de la ley, pretende, sí o sí, imponer su santa voluntad a la inmensa mayoría de españoles que, civilizadamente, respetando la legalidad vigente, esperan que sus derechos y libertades no sean vilmente atropellados como en otros momentos históricos de infausto recuerdo. Y para salir de semejante atolladero se requiere un apoyo unánime y sin fisuras por parte de todos los partidos democráticos e instituciones políticas y sociales al presidente del Gobierno, cuando dice, de forma exquisita, «utilizaremos sólo la Ley, pero toda la Ley; sólo el Estado de Derecho, pero todo el Estado de Derecho; sólo la Democracia, pero toda la fuerza de la Democracia». El intolerable desafío de los independentistas totalitarios no es ni al Gobierno español de turno, ni a este o aquel partido político, ni a esta o aquella ideología (prueba de ello es la amalgama ideológica, desde la derecha a la izquierda radical, incluyendo a los antisistema, que fervorosamente ha aprobado el ilegal secesionismo unilateral en el Parlament), sino que es un desafío a España, incluida Cataluña, y a todos los españoles, incluidos los catalanes. Y somos todos, con el Gobierno a la cabeza, quienes hemos de evitar y derrotar tan repugnante desafío.
Por tanto todo el mundo, al margen de la ideología democrática que tenga, debe tener presente que la advertencia del presidente del Gobierno de utilizar sólo la Ley, el Estado de Derecho y la Democracia, límites que, a diferencia de lo que hacen los totalitarios, jamás se han de rebasar, pero utilizadas en toda su dimensión, requiere, a diferencia de lo que viene pasando, desembarazarse de todo tipo de complejos, ya que, precisamente para protegerse de los liberticidas, la democracia dota al Estado de Derecho de mecanismos legales suficientes, incluida la fuerza y el uso de las armas si fuese preciso, para someter a quienes tienen como objetivo y actúan al efecto para subvertir el orden constitucional como es el caso. Todo ello en consonancia progresiva y proporcional al nivel de desacato y desobediencia que en cada momento utilicen los rebeldes. En definitiva, al Gobierno no debe temblarle el pulso a la hora de tomar duras decisiones contra los independentistas totalitarios, sobre quienes ha de recaer todo el peso de la Ley, que, sí o sí, han de cumplir como el resto de ciudadanos y, en caso contrario, si se negaran a ello, apechugar a rajatabla con las pertinentes sanciones que les impongan los pertinentes tribunales. Y la mejor fórmula para que a ningún gobierno le tiemble la mano en trance tan grave es contar con el respaldo de toda la ciudadanía para afrontar dicho asunto.
Que habrá que coordinar con la oposición las medidas a tomar en cada momento, sin duda. Que habrá que informar de ellas de forma fluida a la ciudadanía, por supuesto. Y que habrá que hacer una labor de pedagogía política para que todo el mundo las entienda, frente al victimismo y acusaciones demagógicas que utilizarán los rebeldes, desde luego. Pero nada, absolutamente nada, debe desviar la atención a la hora de apoyar, por dura que sea, cualquier medida legal en favor del mantenimiento de las libertades y los derechos que los españoles nos hemos dado para convivir en paz. No en vano si, como dice Rajoy, la resolución del Parlament es una «inaceptable vía de hecho que dinamita la Constitución», evitar semejante atentado al edificio constitucional requiere aplicar con contundencia una «urgente vía de derecho sin contemplación alguna», que diría cualquier demócrata que se precie.

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