Impresiones

El mérito de ser taxista

07.11.2015 | 03:15
El mérito de ser taxista

Profesiones complicadas y de riesgo hay muchas en las actividades laborales, pero si hay una que reúne el estrés, cansancio, peligro de que te atraquen, de inseguridad ante posibles ataques a la integridad física, el intrusismo y la competencia desleal esa es la profesión de taxista. Quienes cogemos el vehículo de motor con frecuencia, y a veces un taxi, nos damos cuenta de lo difícil que es esa profesión, porque si ya es complicado hoy en día coger tu vehículo para hacer determinados recorridos puntuales, ni les cuento si se tiene uno que sentar el volante unas 12 horas al día. Pero no solo eso, ya que si al fin y al cabo fuéramos solos aguantando imprudencias de los demás, los enfados que se originan en la conducción, el estrés de los demás, etcétera, a todo eso, y más, hay que añadirle que, encima, puedes tener que llevar en tu vehículo a una persona que no tiene educación o con modales de falta de respeto, o que viaje en circunstancias personales calamitosas, como estar bajo los efectos del alcohol o drogas.

Con este panorama la profesión de taxista es realmente admirable, porque te enfrentas a un escenario como el de la circulación donde el nivel de calidad en la conducción es ciertamente bajo, ya que aunque se ha venido aprobando una importante y acertada normativa en materia de seguridad vial que ha provocado una reducción de cifras de mortalidad y accidentalidad en general, la conducción sigue siendo mala, ya que se habla por el móvil mientras se conduce, no todo el mundo se pone el cinturón de seguridad, o se llevan a los niños sin protección y delante del vehículo, a veces, no se hacen señalizaciones en su debido momento y, lo que es peor, o se conduce muy deprisa, o se conduce muy lento. Porque todavía no sabemos lo que nos molesta más, si el conductor que se cree que está pilotando un vehículo en una carrera o aquel que conduce dudando siempre, a velocidad muy reducida y que causa un tremendo colapso cuando sale a la vía pública, circulando, por ejemplo, por el carril izquierdo en las avenidas de dos carriles en la misma dirección, o frenando de repente sin motivo, cambiando de carril sin avisar, etcétera.

Con este panorama que nosotros vivimos y sufrimos muy puntualmente resulta que hay una profesión que es la de taxista, o también los profesionales del transporte público, como conductores de autobuses públicos, o transportistas de camiones, que deben vivir estos inconvenientes todos los días, porque no nos olvidemos de los conductores de autobús públicos que llevan más de un pasajero y con vehículos enormes con graves dificultades para desplazarse en unas ciudades repletas de vehículos y con todos los problemas que hemos expuestos y otros muchos que nos dejamos en el tintero, pero que, a buen seguro, el profesional de la conducción que esté leyendo estas líneas ya habrá observado.

La situación de los profesionales de la conducción es, pues, calamitosa, porque, además, a ellos se les exige mucho más que al resto de conductores a la hora de respetar también las señales de tráfico y juegan con su profesión si pueden perder el carné por puntos, por lo que en varios despistes que muchos pueden tener en casos de excederse a veces en velocidades urbanas de 50 km/h pueden acabar perdiendo el carné de conducir.

Todo esto viene, además, aderezado con que la conducción de vehículos de motor es el lugar donde la mayoría de las personas expulsan sus problemas y dan rienda suelta a sus males personales y profesionales, porque hemos comprobado en muchas ocasiones las sorprendentes reacciones que tienen algunos conductores por cosas realmente nimias y los sobresaltos que nos dan con la agresividad con la que algunos conductores circulan, como si quisieran pagar con los demás los problemas que cada uno lleva consigo. Son muchos los procedimientos judiciales en los que se detectan conflictos en la circulación con enfrentamientos por situaciones que se pueden resolver amistosamente, pero cualquiera de los que están leyendo estas líneas ha presenciado, a buen seguro, una reacción sorprendente de un conductor por un pequeño problema de tráfico. Por ejemplo, un toque de claxon para que reaccione quien está el primero si está en verde el semáforo y no ha reaccionado puede provocar a veces reacciones sorprendentes.

Por todo ello, nuestro más sincero reconocimiento a quienes se dedican profesionalmente a la conducción, porque si a cualquiera de nosotros nos parece un mundo todas estas extrañas reacciones, los profesionales del vehículo de motor soportan el riesgo de que por la noche les agredan o les atraquen, les insulten, o les maltraten y durante el día aguantar las reacciones de los demás en la conducción. Todo eso durante 10 o 12 horas al día merecen estas líneas y un aplauso a la paciencia. Eso desde luego.

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