En esta joven democracia que es España tenemos varias asignaturas pendientes, como no puede ser de otra forma, y entre éstas se encuentra la de democratizar las relaciones laborales en las empresas al ser los trabajadores y trabajadoras miembros de una comunidad política y social y, por tanto, portadores de derechos y deberes. En la Escuela Sindical de UGT PV, que celebramos este octubre, expusimos nuestro proyecto de cogestión del convenio colectivo y lanzamos la propuesta a los presentes (empresarios, universidades y Administración) para que fuera debatida en nuestro ámbito natural de negociación en la Comunitat. Es evidente que en el siglo XXI, con todas las transformaciones que han habido en la sociedad, en general, y en el ámbito laboral, en particular, no podemos seguir rigiéndonos por comportamientos arcaicos. Un nuevo escenario demanda nuevas formas de actuar y debemos estudiar nuevas propuestas de colaboración e integración en el sistema productivo.

La Unión General de Trabajadores del País Valenciano apuesta por una nueva organización de las empresas, que exige a las centrales sindicales y empresariales concentrarse, reflexionar, prever y discutir sobre el papel que debemos desarrollar en este nuevo escenario. Estoy convencido que la gestión compartida de las relaciones laborales es positiva y necesaria para los trabajadores y para los empresarios porque este nuevo modelo tiene como uno de sus objetivos principales la gestión y el aprovechamiento del talento, que es sin duda una fuente de valor añadido. La negociación colectiva tiene que ser el centro de nuestro sistema de relaciones laborales porque es la mejor herramienta para determinar las condiciones de trabajo, al tiempo que es clave para la mejora de la redistribución de la riqueza y la competitividad de las empresas, sin olvidar que es la garantía de la paz social.

En el nuevo milenio ya no vale el modelo en el que un pequeño grupo piensa y los demás cumplen órdenes. En un mundo lleno de complejidades y competitivo hasta el extremo es necesario que aunemos esfuerzos, que todos pensemos, que todos aportemos y nos involucremos. Nos corresponde a los agentes económicos y sociales establecer los cauces por los que debe discurrir este nuevo enfoque de las relaciones laborales. Hay que innovar en el ámbito del diálogo social y las relaciones laborales, y este proceso debe ser liderado por los agentes sociales, y apoyado e impulsado con políticas audaces desde la Administración.

En definitiva se trata de implantar una nueva forma de negociar y gestionar lo negociado. Pero también una nueva forma de participar integralmente en las empresas: una nueva forma de vivir la empresa. Para ello, se debe instaurar la cultura de la cooperación. Tenemos que ser capaces de generar un clima de confianza y establecer una interlocución fiable, que nos servirá para aumentar el conocimiento y la especialización, el ahorro en los gastos de la estructura, la mejor alineación con otras áreas estratégicas de la empresa o la unidad de criterios en las políticas de personal. Tenemos que tratar de superar el conflicto social con nuevas herramientas, y solo será posible si los trabajadores y las trabajadoras participamos activamente en la empresa y cogestionamos los momentos de crisis y también los de crecimiento.

Debatamos sobre el futuro y construyamos un tejido económico y empresarial más fuerte a través de la cogestión de las condiciones de trabajo acordadas en los convenios colectivos. Es momento de superar nuestro papel actual reducido a funciones distributivas como la negociación salarial.