Opinión

Luces y sombras

29.10.2015 | 05:25

Fue en 1990 cuando tuvo lugar el «I Festival de Teatre i Música Medieval d´Elx» por iniciativa del gobierno municipal socialista y de la Generalitat Valenciana, contando con el apoyo entusiasta de las universidades de Valencia, Alicante y Murcia. Esta iniciativa, única en España, fue adquiriendo gran relevancia edición tras edición, gracias a la participación de grupos teatrales importantes de nuestro país y también de otros países de Europa. La participación de estudiosos del teatro medieval y religioso, tales como Francisco Rico, Luigi Allegri, Ricard Salvat, Joan Oleza, Víctor García de la Concha, Jean Claude Aubailly, Federico Doglio, Alfredo Hermenegildo, etc., reconocidos profesores de universidades de España, Europa y América, y el primer director del festival, mi buen amigo Luis Quirante Santacruz, elevaron muy alto el nivel de calidad de dicho festival. Elx se convertía en un ágora de enorme trascendencia para el debate y el estudio de la música y el teatro medieval, y todo ello bajo el paraguas del Misteri que sirvió, al mismo tiempo, para que visiones que permanecían cerradas sobre La Festa se abrieran a interpretaciones más rigurosas del pasado medievalista del drama sacro-lirico. En aquel entonces, y posteriormente, el festival de teatro y música medieval, dirigido por prestigiosos hombres de teatro, José Monleón, César Oliva y los seminarios por el catedrático Josep Lluís Sirera, y la ayuda inestimable de Joan Castaño, se desplegaban siempre alrededor del Misteri, convirtiendo a éste en el eje central de la programación. La convocatoria del festival se celebraba cada dos años coincidiendo con las representaciones extraordinarias del Misteri, en los años pares. Además, los seminarios trataban aspectos monográficos, desde la discusión teórica sobre el concepto del teatro y teatralidad medieval a los aspectos históricos, teatrales, filológicos, litúrgicos y musicales. Qué duda cabe que todo este esfuerzo supuso para nuestra ciudad ser un referente a nivel internacional, y que colaboró, sensiblemente, para que el Misteri se proyectara fuera de nuestras fronteras, y también un aliciente para que la UNESCO se fijara en una de las tradiciones medievales más importante de Europa.


La ciudad de Elx, trabajaba sin descanso para convertir nuestra oferta cultural en la más singular y atractiva de nuestro país. Tanto es así que nos hermanamos con Agnani, ciudad medieval italiana, residencia de Papas, y con un afamado festival de Teatro Medieval-Renacentista llegando a firmar, nuestro Consistorio, acuerdos de colaboración con el Ayuntamiento de Agnani.


¡Años de luces! para la cultura, el arte, el teatro, para la sociedad ilicitana. Es evidente, que los años de luz que vivimos fueron agonizando con el tiempo. Primera causa, hacer anual el festival de teatro fue una decisión errónea. Desligar el festival de la representación extraordinaria del Misteri en otoño, dejaba sin alma y sin corazón la iniciativa. Así empezó la decadencia. Con el tiempo se fue sustituyendo la calidad y el proyecto primigenio por representaciones alejadas de lo medieval y lo renacentista. Mantener todos los años la línea que requería el festival era complicado por falta de producciones teatrales que tuvieran que ver con las señas de identidad de lo medieval o renacentista. Antoni Tordera, último director del festival, se vio obligado a programar algunas actuaciones que, vinculadas más al barroco, desdecía del objetivo inicial. Los seminarios, las conferencias, los debates, tristemente desaparecidos, arruinaron uno de los proyectos más sobresalientes de la política cultural de la ciudad.


La última corporación municipal, con la excusa de la crisis y la falta de presupuesto, no supo recuperar el contenido de calidad que merecía el festival, dejaron que la enfermedad que venía cabalgando con anteriores ayuntamientos dejara un festival desdibujado, y cuyo único aliciente era el mercado medieval. Nadie duda que el mercado medieval es un complemento importante de la actividad teatral y musical, pero ello no justifica el vacío y la desazón que provoca la falta de una programación cultural de alto nivel.


En esta última edición, más de lo mismo. Se ha centrado, prácticamente todo, en el mercado y en la animación callejera, una burda imitación del año pasado. Creo que el Ayuntamiento y otras instituciones deberían hacer un esfuerzo por recuperar el discurso cultural de los inicios del festival y convertir nuestra ciudad en aquel referente internacional que tantos éxitos nos aportó. Eso sí, sin perder de vista el aprecio y el afecto que debemos sentir por nuestras tradiciones y por nuestro legado más importante como es La Festa. Como decía Manuel Rodríguez: «La recuperació del context en el qual va nàixer i es desenvolupà el Misteri d'Elx ens descobreix un horitzó més ample com és el de la cultura europea».

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