Una izquierda sin rumbo

21.10.2015 | 03:52
Una izquierda sin rumbo

La transformación de la sociedad mediante la redistribución de la riqueza, la eliminación de las desigualdades y una mayor justicia social han sido siempre objetivos por los que ha luchado la izquierda en el mundo. Referentes socialdemócratas como el fallecido Olof Palme siempre fueron la guía por la que transcurrió ideológicamente la izquierda política europea y, por supuesto, también la española. Lejos quedan las utopías sobre las que los socialistas españoles forjaron su vuelta a la escena democrática española, desde el exilio obligado por la dictadura franquista, y cuasi olvidado queda ya el furor de millones de españoles cuando el pueblo les dio su confianza en 1982 para que gobernaran un cambio que demandaba una gran mayoría de la sociedad española. Con aciertos pero también con muchos errores el hoy principal partido de la oposición –PSOE– se debate entre una regeneración facial con nuevas caras, pero que no consigue reflotar la confianza de antiguos votantes entre los que me encuentro, y la elaboración de un programa que, por declaraciones del secretario general, Pedro Sánchez, podríamos denominarlo como «el nuevo baile de la Yenka»; es decir un paso «adelante y otro pasito para atrás...». El Partido Socialista se mueve entre su compromiso socialdemócrata, cada vez menos demócrata –que le pregunten a Tomás Gómez, exlíder de los socialistas madrileños o a Antonio Miguel Carmona, exportavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid– y menos social, y la defensa de políticas europeas inasumibles e injustas. Cuando estamos a punto de ser agredidos con un nuevo Tratado de Libre Comercio, ¿dónde está el PSOE para defender los intereses de los ciudadanos?, o cuando sigue habiendo personas y familias desahuciadas de sus viviendas, ¿dónde están los líderes socialistas que no están con los afectados? Tengo la impresión que los socialistas españoles están más preocupados por gobernar que por desarrollar un verdadero proyecto socialista. Tocar «moqueta» en los despachos oficiales debe ser un virus que se introduce en la sangre de aquel o aquella que es elegido para un cargo público. Cada vez lo tengo más claro.
Es evidente, que el roto en la izquierda española empieza por el partido con más años en la escena pública –PSOE–, pero esa desazón por lo que pueda o vaya a pasar el próximo 20 de diciembre no se queda ahí. Izquierda Unida esta en su perfil más bajo y tras la aparición de una fuerza política emergente –Podemos– aún se encuentra peor. Desde luego la formación de Cayo Lara y Alberto Garzón no es el referente de la izquierda. Y luego está el fiasco y el desinfle de una formación que venía para gobernar y cuyo líder, Pablo Iglesias, ya reconoce la dificultad de ese objetivo sobre todo tras el fracaso de las elecciones en Cataluña. Desde una concepción progresista sigo sin comprender por qué hay partidos políticos de la izquierda sociológica que niegan la posibilidad de conjuntar listas y programas, y tampoco entiendo que desde una concepción de partido socialdemócrata se prefiera pactar antes con un partido de la derecha emergente que con partidos de la izquierda tradicional. Y ni entiendo ni comparto los fichajes de última hora de don Pedro Sánchez que ni suman ni aportan a la escena socialista española.
Mientras la sociedad sigue sufriendo la desigualdad y la injusticia de una reforma laboral que aprobó el presidente Rajoy en 2012, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que ha estado durante cuatro años afirmando que si gobernaba derogaría esa reforma laboral, se desdice de todas sus palabras –no es la única vez que lo hace– y ahora dice que solo derogaría algunos aspectos concretos pero no la totalidad. Manda huevos que diría aquel. Estamos en una sociedad donde la desigualdad llega a cifras de vergüenza. El 29,2% de la población española está en riesgo de pobreza o exclusión social, lo que significa que son 13.657.232 personas las expuestas, según el último informe de la red europea contra la pobreza (EAPN). Y este panorama de drama personal y familiar, señor Sánchez, lo ha provocado fundamentalmente una reforma laboral que ha precarizado el mercado de trabajo como nunca se había hecho y que ha reducido considerablemente los salarios de aquellos que trabajan. Hoy muchos trabajadores son pobres y necesitan acudir a los comedores sociales para poder alimentarse ellos y sus familias.
Los españoles necesitamos gobernantes que no mientan y que digan la verdad, pero también demandamos de aquellos que aspiran a gobernar que mantengan los compromisos. Ni más ni menos.

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