10 de octubre de 2015
10.10.2015
Tribuna

Cataluña seguirá siendo Cataluña

10.10.2015 | 04:51

A la vista de los resultados electorales de las pasadas elecciones catalanas estamos ante una nueva situación que poco, o nada, tiene que ver con la imaginada por los nacionalistas catalanes y tampoco tiene nada que ver con la situación deseada por los nacionalistas españoles.

Si, hablo de nacionalistas catalanes, y lo hago conscientemente, porque dudo, y mucho, que el 100% de los integrantes – y votantes – que forman Junts pel sí se declaren independentistas o, cuanto menos, se declaren 100% seguros de querer la independencia. Algunos, como Artur Mas, todavía andan pensando en cómo salir de ese callejón sin salida fácil en el que se han empeñado en meterse.

Hemos vivido una campaña donde nos hemos encontrado con posiciones polarizadas en las que por cada intervención de la derecha española «nacía» un independentista y se cerraba, un poco más si cabe, el espacio, tan necesario, de una tercera vía de entendimiento que evitara las frustraciones que viviremos a partir del día de hoy.

Estas elecciones, por tanto y por desgracia, no han girado en torno al debate de los Derechos Civiles o del Bienestar Social, no han girado sobre la mejora de las infraestructuras, de la Educación, de la Sanidad o de la Dependencia; no han girado, si quiera, sobre la mejora económica de quienes están sufriendo más esta crisis. Ha girado, y han obligado a girar a los electores, entre quienes querían irse de España y quienes querían quedarse en ella.

Hay que decir, respecto a este tema, que Artur Mas ha demostrado una inmensa capacidad de esconder sus miserias, y recortes, tras la bandera catalana y poner, sobre la mesa, el debate equivocado para no sufrir un veredicto negativo de la población a la que está maltratando desde hace bastante tiempo.

Tras la «resaca» electoral nos encontramos con que Convergencia y Esquerra Republicana han conseguido estar cerca de la mayoría absoluta, obteniendo 62 de los 68 escaños necesarios, pero quedándose lejos de los 71 escaños que sumaban, por separado, hasta un día antes de estas elecciones autonómicas. Algo han debido de hacer mal.

El futuro es realmente incierto y, durante los próximos días, al calor de los análisis electorales que vayamos conociendo veremos cuan compleja es esta situación que, a simple vista, nos deja algunas cuestiones importantes que ya podemos comentar.

Que el número de votos de quienes pedían, explícitamente, la independencia en su programa sea menor que el número de votos de quienes no lo hacían es un contratiempo para los que ansiaban la independencia. Que haya regiones en las que se ha votado mayoritariamente a partidos no independentistas puede significar la escenificación, de estas regiones, de su «derecho a decidir» tantas veces proclamado por Artur Mas. ¿Cuánto tardará Barcelona, por ejemplo, en levantar la voz al grito de «Catalunya ens roba» para proponer su separación?

La gobernanza catalana parece complicada tras observar las posiciones de los independentistas con representación. ¿Cómo gestionarán el gobierno autonómico quienes no creen en él? ¿Qué prioridades tendrán en la gestión diaria si dentro de este bloque hay quienes se declaran de izquierdas y otros de derechas?

Quiero pensar que el gobierno de Mariano Rajoy, el gobierno del PP, dejará de ejercer, de una vez, como fábrica de independentistas y entrará a discutir la creación de un sistema federal tan necesario en este país. Pero, por desgracia, no albergo esperanza alguna.

Demasiadas preguntas por responder de las que, poco a poco, iremos conociendo sus respuestas. Dejemos pasar el tiempo porque mañana, de momento, Cataluña seguirá siendo Cataluña.

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