06 de octubre de 2015
06.10.2015

Viatge a Ítaca

06.10.2015 | 07:37
Viatge a Ítaca

Los peores presagios que durante tanto tiempo se esgrimieran sobre los resultados de las elecciones catalanas finalmente no se han cumplido, aunque poco ha faltado.
Los independentistas no disponen de la mayoría absoluta que tanto anhelaban para hacer de su capa un sayo, pero han conseguido concitar, aun con una coalición imposible, la confianza de una mayoría de catalanes. La España que ha esculpido Rajoy en sus desgraciados años de gobierno resulta tan gris, antipática y opresiva que lo realmente meritorio es seguir queriendo formar parte de ella.
Poco ha importado que Mas haya sido el alumno aventajado en la aplicación de las medidas de Rajoy en Cataluña, con unos recortes brutales y un galopante desmantelamiento del Estado de Bienestar. Poco ha importado también que el partido del convergente le dispute al de Rajoy el dudoso honor de encabezar el ranking de la corrupción y financiación irregular. De nada ha servido tampoco el chaparrón de advertencias desde todo tipo de instancias internacionales acerca de coaliciones de gobierno imposibles, insolvencia financiera u ostracismo internacional. Han preferido seguir con su huida hacia adelante aunque ésta se asemeje pavorosamente a la de alguien, que para escapar de las llamas que devoran su piso, decide saltar por el balcón de un quinto.
Muchos son los factores que se han tenido que concatenar para desatar esta tormenta perfecta que a punto está de dinamitar el mejor y el más fructífero marco de convivencia que jamás hayamos podido tener en nuestra convulsa historia. Pero lo que parece evidente es que los que han trabajado con denuedo por ineptitud o intereses bastardos para situarnos en el punto en el que nos encontramos, difícilmente nos podrán sacar del atolladero
Es cierto que el PSOE de Zapatero cometió en su día algún error de gravedad, pero los que de forma sistemática han sacado rédito electoral espoleando el anticatalanismo, con campañas y boicots a nivel nacional ha sido el Partido Popular, que en el pecado ha tenido su penitencia llegada inesperadamente en forma del inesperado sorpasso que han sufrido a manos de Ciudadanos.
Y ahora, aunque todo el mundo pretenda llevar el agua a su molino, los resultados son los que son y evidencian una Cataluña dividida en dos grandes bloques, a su vez cuarteados, que siendo optimistas a lo sumo podríamos interpretar como una advertencia sobre la gravedad de la situación y la urgencia de tomar iniciativas que nos permitan si quiera salvar los muebles; pero sucede que el funcionamiento interno de los partidos durante décadas ha propiciado que los encargados de lidiar con esta cuestión trascendental, sean sin duda la peor hornada de dirigentes políticos que hayamos podido tener en democracia y no hay nada que invite al optimismo
Tampoco los de enfrente lo tienen fácil. Lo evidenciaban las sonrisas forzadas y miradas perdidas de algunos en su foto «de familia» en la noche electoral. Dudo mucho que con una tripulación tan diversa, con rumbos tan dispares como sus técnicas de navegación, consiga Lluís Llach, figurante también en la instantánea, llegar finalmente a su anhelada Ítaca, suponiendo que sea esta la misma a la que cantara el poeta griego. Estando al timón Mas, lo más probable es que acabe por embarrancar a lo sumo, en las Islas Caimán. Su presencia en la foto (la de Llach), al verlo ahora avalar con su presencia el proyecto del presidente de un partido que hunde sus cimientos en un mar de irregularidades y corrupción, me produjo una infinita tristeza por todos los ideales que en su día encarnara para generaciones de españoles en los incipientes años de la democracia en España.
Tal vez por eso, más que aquellos versos de Kavafis que tan magistralmente él musicara, donde se renegaba de las riquezas, se alentaba a «no forçar la travesia», y se abogaba por la sabiduría, me vinieron de repente a la mente otros de su canción Respon me, (abril del 74): «Tots hem perdut / Tots sóm vençuts».

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